Home » Destacadas, Emprendedores, Headline, La Nación, Sociedad

Financiamiento colectivo: un caso de éxito que atravesó fronteras

28 agosto 2017 Comentarios

Emprendedores recurren a plataformas virtuales para hacer realidad ideas con la colaboración económica o voluntaria de otros usuarios. El caso de Ediciones de la Terraza, que logró concretar varios proyectos.

 Un dibujante en Buenos Aires. Un escritor en España. Una editorial en Córdoba. Las ganas de hacer no tienen fronteras. Matías Acosta y Germán Machado quisieron publicar un libro de poesía ilustrada recurriendo al financiamiento colectivo. Con ese objetivo, le llevaron la propuesta a Ediciones de la Terraza, que ya tenía experiencia en esa modalidad.

Existen desde hace unos años plataformas de Internet que, inspiradas en modelos de Estados Unidos, conectan a emprendedores que tienen una idea con personas que aportan dinero a cambio de recompensas. A veces esas plataformas también conectan a los creadores con personas que en vez de ofrecer dinero se suman al equipo con una tarea puntual. Es el caso de Panal de ideas, a través de la cual fue posible el nacimiento de “Separaciones mínimas”, un libro que no sólo se concretó sino que además recibió premios, entre ellos el Alija 2016 en la categoría diseño.

La campaña del libro involucró colaboradores de “Perú, Chile, Italia, Israel, Emiratos Árabes, Brasil, Uruguay y España. Y, por supuesto, de distintas provincias de Argentina”, recuerda Barbi Couto, una de las responsables de la editorial junto a Mauricio Micheloud y Vanina Boco.

El financiamiento no sólo fue un éxito sino que superó las expectativas. Finalizó con el 116% del monto pedido para poder imprimir el libro. “En el transcurso hubo muchísimas personas que se involucraron afectivamente con el proyecto, que diariamente entraba a ver cuánto nos faltaba, que compartía en sus redes, que repartía folletos”, dijo Couto a Télam.

La editora precisó que tras ese financiamiento y luego de lograr imprimir el libro, decidieron realizar una convocatoria a voluntarios que los ayudaran a coserlo, porque la idea era que fuera artesanal. Armaron talleres de encuadernación japonesa, en los que los participantes aprendían la técnica y, de paso, ayudaban a terminar el libro.

Dejanos tu comentario y ganá: