Las estadísticas de seguridad de 2025 muestran un dato alentador: la tasa de homicidios en Rosario ha caído a mínimos históricos tras la intervención federal conjunta con las fuerzas armadas en apoyo logístico. El control de las cárceles (protocolo Bukele) y la saturación policial en los barrios calientes han desarticulado a las grandes bandas narco, devolviendo cierta paz a la ciudad santafesina. El Gobierno exhibe este logro como su principal bandera en materia de seguridad.
Ahora, el desafío se traslada al Conurbano Bonaerense. Ante el aumento del delito violento y el avance del narcomenudeo, la Nación y la Provincia (pese a sus diferencias políticas) han acordado un “Comando Unificado” para desplegar fuerzas federales en los puntos críticos. La ministra de Seguridad promete replicar la receta de Rosario: inteligencia criminal, control penitenciario férreo y presencia en la calle.
La sociedad demanda resultados urgentes. La inseguridad sigue siendo, junto con la economía, la principal preocupación de los argentinos. Los videos de robos piraña y entraderas virales mantienen la sensación de desprotección alta.
El 2026 será el año de la prueba de fuego para el Conurbano. Si el modelo funciona allí, el Gobierno habrá ganado una batalla cultural decisiva sobre el orden y la autoridad.













