La producción había estado detenida desde enero, lo que generó que los trabajadores acumularan varios meses sin recibir sus salarios, y la firma mantenía deudas con sus empleados, tamberos, proveedores y diversos acreedores. En este marco, comenzaron las gestiones para encontrar un comprador que habilitara la reanudación de la actividad.
González, quien también es dueño de una aceitera en Serodino, relató que tomó conocimiento de la situación a través de productores que proveían leche a la empresa. “Hace como tres meses que veníamos en conversaciones para comprar esta empresa. Nosotros tenemos una aceitera cerca de Díaz y algunos clientes eran proveedores de esta láctea. A partir de eso nos llegó la información de que estaba a la venta y empezamos a analizarla”, indicó.
Según explicó, su primer acercamiento a los dueños anteriores ocurrió a finales de marzo. Después de revisar la documentación financiera, comercial y crediticia, presentó una oferta formal de compra a mediados de abril.
“Viajé a Villa María, donde estaban los vendedores. Tuvimos una reunión de unas dos horas y acordamos rápidamente las condiciones”, precisó. Sin embargo, la transacción quedó sujeta a la resolución previa de la situación con los diferentes acreedores. “El acuerdo contemplaba que yo me hacía cargo de todo el pasivo, obviamente descontándolo del precio de la operación. Pero la compra estaba supeditada a que previamente pudiera acordar con los acreedores para reestructurar esas deudas”, aclaró.
De acuerdo con González, las negociaciones con proveedores y trabajadores avanzaron con celeridad. No obstante, el único obstáculo para cerrar el trato fue la negociación con el sindicato de trabajadores de la industria láctea. “Con los empleados no hubo inconvenientes para acordar la forma de regularizar la deuda salarial. El tema apareció cuando tuvimos que acordar con el sindicato”, mencionó.
Finalmente, la semana pasada se firmó un acuerdo para regularizar la deuda que la empresa mantenía con el sindicato y la mutual de la industria lechera, así como con la obra social, que establece un plazo de gracia de seis días seguido de pagos en doce cuotas.
Simultáneamente, se formalizó el acuerdo laboral, el cual ahora debe ser homologado por la Secretaría de Trabajo de Santa Fe, un paso esencial en el proceso de reactivación. Con este asunto encausado, González prosiguió con la escritura de compraventa. “Fuimos a la escribanía y firmé la compra de Lácteos Díaz. Hoy soy formalmente el dueño de la empresa”, afirmó.
La firma emplea a 82 trabajadores que han dejado de recibir sus salarios desde enero, momento en el que la planta también cesó por completo la recepción de leche. Consultado sobre la extensión de la crisis financiera, evitó ofrecer cifras específicas del total de deudas, pero mencionó que dicha cifra corresponde aproximadamente al valor de dos meses de ventas de la compañía.
Mientras se llevan a cabo los trámites administrativos, ya han empezado las labores para acondicionar la planta. “Ahora estamos empezando con la limpieza, la sanitización y la puesta a punto para, en 15 o 20 días, empezar a operar”, detalló.
La planta tiene la capacidad de procesar hasta cinco millones de litros de leche mensual y su producción incluye principalmente queso barra, quesos duros y queso crema, que se comercializan bajo la marca Sudamlac, así como otras como Tambería Holandesa y Pensilvania. En una primera etapa, la estrategia comercial se centrará en recuperar rápidamente el funcionamiento de la empresa.
“La idea es destinar un 30% al mercado interno y un 70% al mercado externo, inicialmente a países limítrofes. Hay productos, como el queso barra, que tienen muy buen posicionamiento tanto en el mercado interno como en el exterior. Al principio hay que ser prácticos y recuperar rápidamente el movimiento de la empresa”, concluyó.










