Facundo Imboden, al atender una llamada para intercambiar ideas sobre su vida, se aparta unos minutos de su actividad como dueño del negocio que su padre estableció hace más de tres décadas. Se acomoda en su camioneta para escapar del sonido de la obra que se lleva a cabo en el barrio porteño de Palermo. Durante más de 30 minutos narra los hitos de su vida. A sus 46 años, es el del medio: tiene una hermana mayor que reside en Córdoba y una hermana menor que se desenvuelve como diseñadora gráfica y vive en Nueva Zelanda junto a su pareja.
Formó parte de una época dorada para Boca Juniors, donde muchos de los 11 partidos que disputó con el equipo se dieron en el ámbito doméstico durante el primer semestre de 2001. En aquel momento, los titulares eran preservados para afrontar la Copa Libertadores, un torneo que el club consiguió ganar ante Cruz Azul, bajo la batuta de Bianchi.
Su carrera lo llevó a vestir la camiseta de clubes como Belgrano, Millonarios de Colombia, Olimpo, Gimnasia, Ferro y Deportivo Cuenca en Ecuador. Sin embargo, su etapa más prolongada como profesional tuvo lugar en Chile, con Universidad Católica. En su primer año en el país trasandino, participó en un evento histórico al ser parte del amistoso del 2 de marzo de 2006, donde Diego Maradona jugó con los Cruzados en San Carlos de Apoquindo contra la selección chilena. “En el vestuario, le tuve que conseguir unos botines de su marca, que yo justo era auspiciado también por esa marca, y él no tenía calzado”, narró. Posteriormente, uno de sus compañeros en La Franja, Jorge Polo Quinteros, tomó una fotografía junto al Pelusa.
El central, siempre aguerrido y firme en los duelos aéreos, se retiró de la actividad profesional en 2012, después de que su padre sufriera un infarto. Se vio obligado a aprender desde cero cómo gestionaba su negocio de demoliciones. Imboden reflexiona: “Mis amigos suelen bromear al respecto y dicen que cuando jugaba al fútbol ‘tiraba’ jugadores porque les daba patadas, y ahora derribo casas para que construyan edificios. Me sigo manteniendo un poco en el rubro, ¡ja!”.
El ex jugador recuerda también que, desde pequeño, practicó fútbol, básquet y pádel. Cuando le preguntan por qué eligió el fútbol, explica: “Me crié en el club deportivo Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI), donde actualmente tengo mi escuela de fútbol. Desde niño, me entretenía haciendo los deportes que podía. Un domingo, después de un partido en las infantiles de Boca contra Huracán de San Justo, jugué al básquet representando al GEI y más tarde un torneo de pádel con un amigo. Al finalizar esa jornada, llegué a casa y le dije a mi papá que estaba cansado y que quería dedicarme a un solo deporte. A los 11 años, decidí que sería el fútbol. Afortunadamente, tomé una buena decisión que me permitió tener una carrera profesional de doce años.” Su llegada a Boca fue facilitada por un profesor que tenía en GEI, y comenzó su trayectoria futbolística a los nueve años en el club.
También se le pregunta si su inclinación hacia el fútbol tiene alguna conexión con el hecho de que su padre haya sido futbolista: “No estoy seguro. Tal vez, inconscientemente, sí. Pero, es el deporte que a mí más me gusta. Mi viejo fue futbolista, pero no pudo llegar a jugar en la Primera División. A los 18 años, estaba listo para debutar en Deportivo Morón, pero su padre le dijo que no lo acompañaría más y tuvo que comenzar a trabajar. Yo tuve la suerte de contar con su apoyo durante toda mi carrera infantil.”
Respecto de su posición en el campo, señala que comenzó como extremo izquierdo en Boca y llegó a ser goleador de las infantiles durante varios años. Después, recuerda: “Un día, ya en Divisiones Inferiores, no jugaba, y Ramón Mané Ponce, que era mi técnico, me preguntó si quería jugar de lateral izquierdo, porque faltaba uno. Por supuesto que acepté, ya que quería jugar. Ahí empecé como defensor, debutando en la primera en la posición de tres, y después jugué como central. Pasé de delantero a defensor. Fue complicado, porque no sabía marcar, pero aprendí a medida que iba jugando. Me gustaba mucho y prestaba atención.”
Cuando se le pregunta sobre su debut en Boca, recuerda: “Fue uno de los días más bonitos e importantes de mi carrera. Carlos armó el equipo en la práctica del jueves y, durante esa charla, me puso de titular. Las palabras de tranquilidad que recibí de Carlos, y también las de el Patrón Bermúdez y Óscar Córdoba, fueron importantes porque me permitieron debutar con 20 años en la Bombonera. Me brindaron la confianza necesaria y me dijeron que jugara como lo hacía en Reserva y en inferiores.”
Acerca de la capacidad del entrenador Bianchi, destaca: “Lo más sorprendente es que trataba a todo el plantel por igual. Obviamente, contaba con un equipo titular que había ganado todo, pero los suplentes también contaban con su atención. Recuerdo que, en ciertos momentos, cuando el partido de Reserva se suspendía y debíamos entrenar los domingos por la mañana, él venía a vernos entrenar. Esto no es algo que hacen todos los técnicos; para nosotros, saber que el entrenador observaba nuestro trabajo era fundamental. Eso nos motivaba a entrenar al máximo.”
Sobre el semestre en que comenzó a tener más minutos en Boca, menciona que ocurrió precisamente durante la Libertadores 2001: “Los juveniles éramos como el soporte de los titulares que jugaban la Copa Libertadores. Nos tocaba jugar el torneo local. A fin de cuentas, lo hicimos bien en ambos torneos. Sabíamos que lo principal era ganar la Libertadores, y nos sentíamos bien en el campo, apoyando al equipo.”
Más allá de Bianchi, imponen una época brillante en Boca otros referentes como Riquelme, Palermo, Córdoba y Bermúdez. De ellos, Imboden acentúa: “El liderazgo que tenían era muy positivo. Nos hacían sentir parte del grupo. En nuestro equipo estaban jugadores como Córdoba, Ibarra, Bermúdez, Samuel, Arruabarrena, el Pepe Basualdo, Chicho Serna, Cagna, Román, Martín, Guillermo… Todos grandísimos futbolistas con un legado en la historia no solo de Boca, sino de muchos clubes. Aprender de esos jugadores no solo me benefició futbolísticamente, sino también como persona. Cuando llega el momento de ejercer el liderazgo en otros equipos, es importante recordar las enseñanzas que uno absorbió de estos grandes jugadores.”
Uno de los consejos que atesora es el que recibió en su infancia de los referentes de su barrio: “Como provenía de la zona de Castelar, el Vasco Arruabarrena y el Chicho Serna eran de la zona también, me decían que debiera ahorrar todo lo que ganara en el fútbol y ayudar a mi familia. Siempre se los transmito a los chicos que están debutando ahora en otros equipos: el dinero va y viene, hay que saber cuidarlo. Además, una frase que decía Bianchi: ‘El tren pasa una sola vez y hay que aprovecharlo. Si no te subís, se va y no hay otra oportunidad’.”
Imboden destaca que sigue manteniendo el contacto con sus ex compañeros, mencionando cómo mantiene una relación frecuente con el Pepe Basualdo, y también con otros ex jugadores de Boca de mayor trayectoria, como Carlos el Mono Navarro Montoya, Néstor La Tota Fabbri y Tito Pompei. “Hemos creado un grupo muy lindo jugando en el fútbol senior”, cuenta. Comenta también que le gusta recordar que él alcanzaba pelotas cuando ellos jugaban y destaca que, más allá de que se trate de un torneo senior, poder jugar junto a ellos fue una experiencia inolvidable, dado que son parte de la historia de Boca.
Su paso por el senior también fue exitoso: “Sí, fuimos campeones y pudimos festejar en la Bombonera. Jugué con el Mono Navarro Montoya, Raúl Cascini, Hugo Ibarra, Cata Díaz, Matías Donnet…” Luego revela que comenzó a participar en el senior en 2014 o 2015 y dejó en 2022, aproximadamente.
En el plano profesional, aunque su carrera abarcó distintos clubes, su etapa más prolongada estuvo en Universidad Católica, lo cual también lo acercó a la selección chilena. Cuando le preguntan si en algún momento recibió un llamado de Bielsa, responde afirmativamente: “Sí, en un partido, hacía unos años que estaba en la Católica y en un encuentro que tuvimos en Rancagua contra O’Higgins, sabíamos que Bielsa estaba presente, con Eduardo Toto Berizzo, su asistente. Teníamos la certeza de que Bielsa estaba atento. Terminado el partido, a través del Toto Berizzo, supe que Marcelo había preguntado por mí, y que, si estaba dispuesto a jugar para la selección chilena. Obviamente, le dije que sí. Todavía me faltaba un tiempo para poder nacionalizarme chileno. Al final, esa posibilidad no se dio, pero estoy muy agradecido de que hayan pensado en mí para representar a Chile.”
La posibilidad de ser dirigido por Bielsa también resulta atractiva para Imboden: “Sin duda hubiera sido una experiencia interesante, porque creo que es un técnico que saca lo mejor de cada jugador. No me quejo de la carrera que tuve y de los entrenadores que conocí, pero hubiese sido genial.”
El destino también unió su propia trayectoria con la de Diego Maradona. Imboden recuerda que se despidió del astro el 25 de noviembre de 2020 a través de una publicación donde subió una imagen de ambos con la camiseta del club. “Yo había sido alcanza pelotas en 1995, cuando Diego regresó a Boca con el pelo pintado de amarillo, y solo lo había saludado. En 2006, cuando él fue a Chile, allí es donde se saca la foto. En ese momento, se estaba creando el sindicato de futbolistas en Chile y organizaron un encuentro amistoso entre la Católica y la selección chilena, y el invitado de lujo era Diego, quien jugó para nosotros. Al entrar al vestuario, me reconoció, volvió a saludarme, se sentó a mi lado y comenzamos a charlar.”
“¿Te recordó?” se le pregunta. “Sí, me conoció. Me sorprendió saber que recordaba detalles de mi vida, como los años que había jugado y los clubes en los que había estado. Después del partido, cenamos juntos, y tengo los mejores recuerdos de Diego dentro de la cancha. Poder haber compartido ese momento y hablar de fútbol con él fue extraordinario.”
En cuanto a ese día, cuenta: “Primero, le conseguí unos botines de su marca Puma, que coincidía con los míos, ya que yo también era auspiciado por la misma marca, y él no tenía calzado en ese momento. Agradeció mucho eso, y luego en la cena, contamos historias sobre la selección argentina y sus clubes”.
Respecto a la fotografía que ambos compartieron, expresa: “La foto me la tomó Polo Quinteros, que estaba presente en el plantel. Además, guardo con cariño la camiseta que usé ese día, firmada por Diego. Son momentos que siempre se quedan en la memoria.” También menciona un tatuaje que tiene en su gemelo izquierdo: “Es la pelota del Mundial 1986, un homenaje muy especial.”
Al ser consultado si alguna vez se encontró nuevamente con Diego, responde: “Después de la foto, lo vi varias veces jugando al Showbol, tanto en Viña del Mar como en Argentina. Siempre que podía, lo saludaba y disfrutaba de verlo jugar.”
Su regreso a Argentina tras la experiencia en Universidad Católica, lo llevó a jugar en Ferro y Gimnasia, y finalmente a retirarse en 2012 después de su paso por Deportivo Cuenca en Ecuador. Al ser consultado acerca de por qué tomó esa decisión, responde: “Tenía contrato, pero al volver de vacaciones, mi papá sufrió un infarto. Si bien se recuperó, decidí quedarme por el tema de su salud. Rescindí el contrato en Ecuador y, al no recibir ofertas que me convencieran en Argentina, me di cuenta de que no extrañaba jugar, así que decidí poner fin a mi carrera. No fue como siempre había imaginado: me hubiera gustado terminar jugando un partido oficial y decir ‘Hoy es mi último partido’, pero las cosas suceden por alguna razón. Quizás, si no hubiese estado en Argentina, hoy no podría seguir disfrutando de mi viejo.”
Muchos ex futbolistas comentan que les cuesta hallar un nuevo rumbo tras el retiro, pero Imboden asegura que a él le sucedió lo contrario: “Comencé a disfrutar de los fines de semana con mis hijos y amigos. A raíz del problema de salud de mi padre, tomé las riendas de la empresa de demoliciones. No estuve en casa, como suele decirse, mirando al techo. Dejé de jugar y empecé a enfocarme en el trabajo, así que no me costó adaptarme. Sé que muchos jugadores atraviesan un momento difícil, extrañan, pero a mí me hizo muy bien poder compartir tiempo con mi familia y tener la cabeza ocupada en el trabajo.”
Refiriéndose a su rol en la empresa, Imboden comparte que comenzó desde lo más básico aprendiendo sobre demoliciones hasta llegar a ser el responsable actual. “Empecé desde abajo, aprendiendo, y ahora dirijo la empresa que mi padre creó. Ya está a mi nombre, aunque él se ha jubilado, y seguimos trabajando juntos. Soy el dueño, superviso las obras y estoy presente para ayudar a mis empleados si lo necesitan. También trato con arquitectos e inversores que contratan nuestra empresa para construir sus proyectos. La verdad es que es una experiencia nueva estar dentro de una obra, y lo disfruto, aunque mis amigos suelen bromear al respecto, ya que cuando jugaba al fútbol ‘tiraba’ jugadores con mis tackles y ahora derribo casas para hacer edificios. ¡Eso me divierte!”, dice con una sonrisa.
Describiendo la actividad de la empresa, añadió: “Nos dedicamos a demoliciones en general. Tiramos edificaciones y dejamos el terreno limpio para que luego puedan construir, ya sea edificios, nuevas casas o lo que los arquitectos o inversores decidan hacer.”
Imboden nunca había imaginado dedicarse a esto tras su retiro: “La realidad es que no lo había proyectado. Sabía que debía continuar con el legado que dejó mi padre. Pero todo cambió de un día para otro. Cuando le dijeron que mi padre se recuperaría, tuve que asumir su agenda y aprender sobre el rubro de la demolición, siendo la sombra del capataz y después la sombra de mi padre. Ahora puedo decir que manejo la empresa con confianza.”
Sin embargo, le preguntan si sabía algo sobre el rubro antes de asumir: “Aprendí todo desde cero. Por eso creo que todos los días se puede aprender algo nuevo.”
Por último, se lo interroga sobre los desafíos para un futbolista al integrar el mundo de los negocios, y cuánto valora la educación financiera. Imboden no duda en reiterar la importancia: “Es fundamental, pero tengo unos padres que me enseñaron bien. Tuve la fortuna de estudiar en un buen colegio y completar el secundario. No cursé una carrera terciaria, pero hoy puedo dialogar sobre negocios con cualquiera. Esto me permite ganarme la vida. Agradezco tener un trabajo que me permita mantener a mis hijos y disfrutar.










