El descubrimiento fue realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional de Costa Rica y el Conicet de Argentina, cuyos hallazgos se publicaron en julio de 2026 en la revista científica Ichthyology & Herpetology.
Aunque sus primeras observaciones datan de la década de 1960, durante mucho tiempo se asumió que pertenecía a otra especie del mismo género. Sin embargo, investigaciones recientes lograron comprobar que se trataba de un nuevo hallazgo.
Los científicos llevaron a cabo un exhaustivo análisis que incluyó la comparación de características morfológicas entre adultos y larvas, un estudio del material genético y la observación de las vocalizaciones de los ejemplares. Esta combinación de datos permitió confirmar la existencia de una especie no catalogada previamente.
Uno de los autores, Julián Faivovich, investigador del Conicet y del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, destacó que el trabajo integró análisis genéticos, rasgos morfológicos y registros acústicos para establecer las diferencias entre la nueva rana y otras especies cercanas.
Esta nueva rana ocupa zonas de montaña entre 1400 y 2000 metros sobre el nivel del mar en el Pacífico central de Costa Rica, y fue encontrada asociada a arroyos y quebradas en áreas con cultivos de café. Este vínculo le ha valido el apodo de “rana cafetera”, aunque su dieta no incluye café; se alimenta de pequeños insectos y se refugia en los cafetales, que ofrecen humedad, sombra y vegetación.
“En la noche, cuando son principalmente activas, se las escucha cantar en los arbustos de café”, comentó Wagner Chaves-Acuña, uno de los investigadores del estudio.
Los adultos de esta especie miden menos de cuatro centímetros y presentan una coloración verdosa salpicada de manchas oscuras irregulares en la parte dorsal, junto con marcas amarillo-anaranjadas en las extremidades. Además, los machos poseen una particularidad poco común: una garganta translúcida que se expande al emitir su canto corto y agudo.
Los investigadores también documentaron diferentes tipos de vocalizaciones, incluyendo un canto de cortejo que se produce bajo el agua, un comportamiento rareza entre las ranas de este grupo.
El nombre “rana de las nacientes” se debe a que habita en ecosistemas donde brotan arroyos y quebradas, considerados especialmente vulnerables a las modificaciones provocadas por el ser humano.
A pesar de su reciente descubrimiento, la especie podría enfrentar varios peligros, uno de los cuales es el uso de pesticidas en los cultivos de café adyacentes a sus hábitats. “Esos venenos pueden trasladarse por el aire, filtrarse a través del suelo y contaminar los sistemas acuíferos donde se desarrollan los renacuajos”, aclaró Chaves-Acuña.
Jonathan Navarro-Picado, investigador del Instituto Internacional de Conservación y Manejo de Vida Silvestre de la Universidad Nacional de Costa Rica y coautor del estudio, añadió que la pérdida de vegetación ribereña y la modificación de los ambientes que utiliza como refugio y lugar de reproducción también son amenazas para la especie.
La preocupación va más allá de la teoría. Marilyn Ureña-Chaves, otra de las investigadoras del proyecto, mencionó que durante las primeras fases del relevamiento, los ejemplares eran relativamente comunes en algunas quebradas de la zona. Sin embargo, con el tiempo, su avistamiento ha disminuido notablemente.










