Desde los siete años, Torres formó parte de la academia del Valencia CF, pero su camino no fue fácil. El divorcio de sus padres a los 12 años marcó un antes y un después en su vida, lo que afectó tanto a él como a su hermana Arantxa, seis años mayor. En uno de sus testimonios, confesó: “Fue un shock, no supe cómo afrontarlo y me daba vergüenza contarlo”. Para simbolizar su fortaleza, ambos se grabaron un tatuaje en el tobillo con el lema: “I refuse to sink” (Me niego a hundirme), y uno de sus principios se basa en: “Lo intentas, te equivocas, te levantas”.
Debutó en la primera división de LaLiga en diciembre de 2017, convirtiéndose en el primer futbolista nacido en el siglo XXI en participar en la máxima categoría del fútbol español. Su juego veloz y su aguda percepción del campo llamaron la atención de Pep Guardiola, quien lo fichó para el Manchester City en una operación que ascendió a aproximadamente 25 millones de euros en agosto de 2020. Sin embargo, su experiencia en Inglaterra no fue la esperada; en 16 meses anotó 16 goles en 43 encuentros, pero perdió su puesto como titular y decidió regresar a España.
En diciembre de 2021, su traspaso al Barcelona se formalizó por 55 millones de euros, pero su carrera se vio inmersa en un capítulo oscuro entre 2022 y 2023. El peso de la presión mediática relacionada con su traspaso y su rendimiento irregular lo llevaron a enfrentar una grave crisis de salud mental que lo hizo contemplar el retiro del fútbol profesional. Describió esta etapa como un “pozo sin fondo”, donde apenas encontraba salida a su situación.
Reflexionando sobre su estado, mencionó: “Cuando estaba luchando contra la depresión, el mejor momento del día era cuando tomaba mis pastillas y me acostaba. Perdí las ganas de vivir”. Durante este proceso, también experimentó relaciones amorosas fallidas, y los domingos se convirtieron en momentos de llanto incontrolable, lo que potenció su desánimo por el deporte. No obstante, con el tiempo, decidió iniciar un tratamiento terapéutico con José Ángel Caperán, un reconocido psicólogo deportivo, lo cual marcó un punto de inflexión en su vida. Aprendió a desconectarse de las opiniones externas y a implementar una “higiene digital”, que incluía ver sus propios goles en silencio y evitar noticias sobre fútbol y críticas en redes sociales.
En este proceso de transformación, el delantero adoptó el apodo de “Tiburón”, inspirado en los escualos que deben moverse constantemente para sobrevivir. Gracias a su dedicación y renovada ambición, Torres ha encontrado el camino de vuelta a su mejor versión.
Entre sus reflexiones se destacan la importancia de no temer ante las adversidades, relativizar problemas, vivir con madurez emocional y rodearse de un entorno que brinde apoyo. En las próximas semanas, cuando la emoción por su gol histórico comience a disminuir, el Barcelona buscará entender sus intenciones respecto a su futuro. El delantero tiene un contrato con el club catalán por una temporada más, mientras que el Paris Saint-Germain ha mostrado interés en su ficha. A su vez, el Barcelona continúa en la búsqueda de un número 9 que pueda reemplazar a Robert Lewandowski y está al tanto de la situación del argentino Julián Álvarez, quien expresó su deseo de dejar el Atlético de Madrid durante el Mundial.










