El Banco de la Reserva de Australia elevó la tasa en 25 puntos básicos, hasta el 4,85%, durante su reunión de noviembre. Si bien sostuvo que tomará las medidas necesarias para contener la inflación, quitó de su comunicado la referencia explícita a posibles aumentos adicionales.
Los mercados interpretaron el mensaje como menos restrictivo. El dólar australiano cayó un 0,3%, hasta 0,6977 dólares estadounidenses, mientras crecieron las apuestas a que el banco mantendrá las tasas sin cambios en su reunión del próximo mes. De todos modos, todavía se estima en un 25% la posibilidad de un aumento a comienzos de 2027.
La votación dividida reflejó cautela y la posibilidad de que las subas lleguen a su fin ante la desaceleración económica.
La gobernadora Michele Bullock dijo que no está claro cuál será el próximo paso en materia de tasas. También señaló que los tres miembros que votaron en contra dieron prioridad a los riesgos de deterioro económico, entre ellos la debilidad del sector inmobiliario y el aumento del desempleo.
Bullock sostuvo que, después de cinco aumentos en lo que va del año, era oportuno hacer una pausa y observar cómo respondía la economía a una política monetaria más restrictiva. Sin embargo, advirtió que “sigue habiendo un cierto sesgo al alza en los riesgos de inflación, y debemos estar atentos a que estos se materialicen”.
Las proyecciones económicas actualizadas del banco central apuntaron a que la inflación general llegará al 4,5% en el cuarto trimestre y luego regresará al rango objetivo, de entre el 2% y el 3%, durante la segunda mitad del próximo año. También prevén que el desempleo supere el 5% en los próximos dos años.
Las proyecciones contemplan una inflación del 4,5% y un desempleo por encima del 5% durante los próximos dos años.
La decisión estuvo en línea con las expectativas del mercado: 30 de los 32 economistas consultados preveían un aumento, mientras que los precios de mercado asignaban a esa posibilidad una probabilidad del 88%. Los elevados datos de inflación del tercer trimestre y las declaraciones de tono restrictivo de los funcionarios terminaron por relegar la preocupación por el desempleo, que llegó a su nivel más alto en cinco años.










