Los primeros días no se parecieron a lo que había imaginado para una mudanza. Montó una carpa bajo un árbol y comenzó de a poco, con lo indispensable. Con el tiempo, aquella estadía se convirtió en un cambio de vida y en un desafío que asumió con sus propias manos: construir su casa.
En una entrevista, Rocío contó cómo fue el proceso y relató las dificultades que enfrentó para levantar la vivienda.
No tenía experiencia profesional en construcción ni maquinaria pesada para hacer el trabajo. En vez de contratar una obra convencional, decidió utilizar los materiales disponibles en el lugar: piedra, barro, adobe y madera.
La casa avanzó con técnicas de bioconstrucción. Las piedras se destinaron sobre todo a los cimientos y a las partes bajas de las paredes, mientras que la tierra y otros materiales naturales dieron forma al resto de la estructura.
“Yo levanté esta casa sola; yo puse todo el pulso”, contó. También explicó que se ocupó de instalar el agua. Eran tareas que antes le parecían imposibles: “Son cosas que decía: ‘Esto yo no lo voy a poder hacer nunca’”.
La elección de esos materiales también ofreció ventajas para la vida diaria. Los muros de barro contribuyen a regular la temperatura interior y ayudan a mantener los ambientes más frescos en verano y más cálidos en invierno.
La construcción no fue el único desafío. Durante los primeros cuatro años en Achiras, Rocío vivió sin conexión eléctrica mientras criaba a su hija y avanzaba con las tareas de la casa.
Con el tiempo, el proyecto despertó el interés de otras personas atraídas por la autoconstrucción y por formas de vida alejadas de las grandes ciudades. Incluso una mujer viajó desde Ecuador para colaborar con los trabajos.
Rocío también puso en cuestión el ritmo de vida que había dejado atrás. Habló sobre las jornadas laborales, los viajes largos y la repetición de una rutina que, según su mirada, muchas personas mantienen aunque no las haga felices.
“Hay un montón de gente que sueña con esto. Se levantan, van enojados al laburo, toman cinco colectivos, hacen el mismo camino de vuelta y, al día siguiente, arrancan con la misma rutina. Eso no es vida”, reflexionó.
Su historia quedó marcada por la decisión que tomó a los 20 años: dejar Buenos Aires, empezar de nuevo en Córdoba y construir, paso a paso, una casa con sus propias manos.










