Emiliano Martínez celebró con entusiasmo la remontada de Argentina contra Egipto. Tras el tercer gol, se fundió en abrazos con sus compañeros y elevó la mirada al cielo al sonar el pitido final, donde pudo liberar la tensión acumulada. Sin embargo, no todo fue celebración completa; la frustración era palpable. Luego de encajar dos goles en apenas dos disparos hacia su arco, se acercó lentamente a Mostafa Shobeir, el arquero egipcio, para felicitarlo antes de unirse a sus colegas en el festejo, distante de la alegría que solía expresar en otras ocasiones. “Sentí que no pude ayudar a nadie”, reflexionó poco después. Esta declaración, que pudo pasar desapercibida en medio de la euforia por la clasificación, revela el estado anímico de uno de los pilares del seleccionado argentino. Dibu siente que tiene una deuda con el equipo. En el próximo encuentro ante Suiza buscará mucho más que avanzar a las semifinales: anhela esa atajada crucial que le devuelva la confianza que siempre proyectó al defender el arco nacional. El jugador oriundo de Mar del Plata llegó al Mundial tras una recuperación acelerada, con el firme propósito de reducir la cantidad de goles recibidos respecto a la edición anterior en Qatar. Sin embargo, su desempeño ha sido muy distinto al que anticipaba. “Necesito ayudarlos un poco más, ellos me están salvando muchos partidos”, comentó, destacando su deseo de tener un impacto positivo. Las estadísticas, que siempre han sido un aspecto importante para él, evidencian su frustración. En cinco partidos, ha recibido nueve remates, de los cuales cinco se convirtieron en goles. Sus cuatro atajadas le dan un porcentaje de salvadas del 44,4%, situándolo como el quinto menos efectivo entre los arqueros del torneo. Solo algunos jugadores de otras selecciones tienen un registro inferior al suyo. En relación a los que siguen en competencia, Dibu ha sido el que menos intervenciones ha tenido frente a los disparos recibidos. A pesar de su falta de solidez en el Mundial, Argentina ha tenido pocas situaciones en contra. No obstante, más de la mitad de estas finalizó en gol. Dibu no ha sido culpable en esos tantos y no cometió errores que lo expusieran, pero tampoco ha tenido las intervenciones que, en años anteriores, brindaron tranquilidad a sus compañeros y a los hinchas. Su titularidad no se ve en riesgo por parte de nadie en el equipo, incluyendo a Lionel Scaloni. Una fractura en el dedo anular de su mano derecha, sufrida semanas antes, complicó su preparación, privándolo de entrenar con normalidad y de participar en amistosos. Solo tras el encuentro ante Cabo Verde pudo reintegrarse a los entrenamientos, y aunque el entrenador le aconsejó no apurar su regreso, también le aseguró que su lugar en el equipo estaba asegurado. Sin embargo, Dibu no se conforma con haber llegado; quiere volver a sentirse completo en la cancha. Por ello, fue el único titular habitual que participó en el amistoso contra Jordania, mientras el resto del equipo descansaba para los enfrentamientos de eliminación directa. Su autoexigencia es notable. Desde 2018, trabaja con un experto en entrenamiento mental, quien lo ha acompañado desde antes de su llegada a la selección. Complementa su preparación con exhaustivas sesiones de análisis de video, donde revisa las jugadas en las que le dispararon, corrige aspectos técnicos y busca redoblar esfuerzos en cada práctica con el entrenador de arqueros. Está convencido de que su rendimiento se fortalece durante la semana. Más relajado, Dibu también se permitió compartir un momento de humor en redes sociales, publicando una imagen e ironizando sobre lo que sus compañeros vivieron durante el torneo. Este gesto fue recibido con alivio por parte de la selección, que vio en su sonrisa una señal positiva tras días de preocupación por su nivel. La comparación con el Mundial de Qatar resalta la alta exigencia que se impone. En aquella ocasión, recibió pocos disparos, pero mantuvo un desempeño sobresaliente en los momentos críticos. En el cruce contra Países Bajos, atajó dos penales que catapultaron a Argentina a semifinales y realizó intervenciones memorables en encuentros posteriores. Ahora, ante Suiza, espera repetir esa actuación determinante. El equipo europeo, con un promedio de 3,6 disparos para convertir un gol, podría brindarle las oportunidades que tanto anhela. Si se presentan, Dibu tendrá la ocasión de demostrar que sigue siendo el arquero decisivo que todos recuerdan. En partidos de esta índole, cualquier arquero desearía que su equipo resolviera la clasificación sin necesidad de su intervención, pero Martínez sabe que esas atajadas adicionales pueden definir no solo el resultado del encuentro, sino también su legado en este torneo. El desafío lo espera.










