Con más de 120,000 intervenciones realizadas en diversas ciudades europeas, la obra ha llegado al Centro Hirsch, en San Miguel, convirtiendo a la AFI en la primera institución judía de Argentina abierta a la sociedad en recibir este reconocimiento internacional.
La elección de realizar este homenaje en Argentina responde a la labor histórica de la Asociación Filantrópica Israelita, que comenzó a asistir a refugiados del nazismo en 1933. En palabras del artista, “Es importante que el nombre de la persona esté de nuevo ahí, porque estas personas no tuvieron sepultura ni lápida… De manera que este se convierte en un lugar en su memoria.”
La ceremonia tuvo lugar el martes y fue testigo de la participación de sobrevivientes y familias que han lidiado con historias de exilio y reconstrucción de sus vidas en el país. El acto comenzó a las 10 con la siembra de árboles, en la cual estuvieron presentes el presidente de la AFI, Roberto Herzfeld; la actual tesorera, Irene Son; y Thomas Konrad, representante de Asuntos Culturales de la Embajada de Alemania. También asistieron Anna Keinan, Vice Embajadora de Israel, Diana Wang, del Museo del Holocausto, y Ruth Marshall, una sobreviviente del Holocausto.
A las 11:10, se descubrió el Umbral de la Memoria (Stolperschwelle), una obra rectangular que distingue a instituciones, a diferencia de la “piedra de tropiezo” (Stolpersteine), que están incrustadas en el pavimento en recuerdo de personas o familias. La placa dorada del Umbral reza: “Asociación Filantrópica Israelita / Centro Hirsch. Aquí las personas judías reciben sostén y asistencia, desde que huyeron de la persecución nacionalsocialista en 1933. El Centro Hirsch les brinda un nuevo hogar desde 1940.”
Ruth Jäckel Marshall, una mujer de 94 años, ofreció un discurso emotivo durante el evento. Nos comentó sobre su experiencia al llegar al país en diciembre de 1939, cuando la guerra ya había comenzado, y cómo la Asociación Filantrópica Israelita fue fundamental en su llegada a Argentina. “Nos dieron una pensión en una casona en el barrio de Constitución, que fue nuestro primer techo en Argentina. Eran habitaciones ocupadas por judíos de habla alemana. ¿Por qué vinimos a este país? Porque teníamos a Elena, una tía que nos esperaba aquí.”










