La información se basa en un informe de Greenpeace Argentina, en colaboración con expertos del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA) de la UBA, que se elaboró mediante el análisis de imágenes satelitales Landsat.
En términos de impacto geográfico, la provincia más azotada fue Chubut, donde se consumieron un total de 60.304 hectáreas. Le siguen Santa Cruz, con 290 hectáreas; Neuquén, con 238; y Río Negro, con 13. En Tierra del Fuego no se registró ningún área afectada por el fuego.
Los incendios más destructivos ocurrieron en el Parque Nacional Los Alerces, El Turbio y el Parque Nacional Los Glaciares, donde el fuego avanzó sobre zonas protegidas de alto valor conservacionista. También se reportaron incendios críticos en Puerto Patriada, El Hoyo y Epuyén, que alcanzaron viviendas, plantaciones y bosques nativos.
“Fue un ecocidio que tardará dos siglos en recuperarse. Se trataron de los peores incendios forestales de las últimas seis décadas en la región y el fuego arrasó diez veces más superficie de bosques que el promedio de los años 2022, 2023 y 2024”, aseguró Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace Argentina.
La Patagonia alberga una de las últimas grandes reservas de bosques templados relativamente intactos y uno de los ecosistemas más preservados de Argentina, con cerca de 3 millones de hectáreas que son el hogar de especies emblemáticas como el huemul, el pudú, el huillín y el carpintero gigante.
Según cifras oficiales citadas en el informe, entre 2001 y 2024 se habían perdido ya 121.547 hectáreas de bosques andino-patagónicos, en su mayoría a causa de incendios, siendo Chubut la provincia que concentra el 57% de esta destrucción.
Los expertos advierten que la intensificación de las sequías debido a la crisis climática incrementa el riesgo de incendios forestales, mientras que se estima que cerca del 95% de los focos se originan por actividad humana, ya sea por fogatas, colillas mal apagadas o prácticas relacionadas con el uso del suelo.
El impacto va más allá de la pérdida de árboles, ya que implica la fragmentación de hábitats, la extinción de especies, la degradación del suelo, la erosión y una menor capacidad de almacenamiento de agua.
Respecto a este tema, Giardini criticó la dirección de la política ambiental del Gobierno: “Que el Gobierno haga recortes en los fondos de Parques Nacionales y promueva flexibilizar las Leyes de Bosques y Manejo del Fuego resulta una peligrosa combinación de negacionismo, negligencia y desidia.”










