El incidente tuvo lugar en el barrio La Toma, donde el propietario gestiona un complejo que cuenta con cinco habitaciones y un baño común. Durante un periodo prolongado, la situación se mantuvo en aparente normalidad hasta que una de las inquilinas se dio cuenta de que el hombre estaba tomando fotografías de ella mientras lavaba su ropa.
Según fuentes locales, la mujer confrontó al dueño por su comportamiento, y en medio de una acalorada discusión, él admitió que había estado capturando imágenes. Sin embargo, la situación se complicó aún más al descubrirse que el baño estaba equipado con luces falsas, rendijas y fondos construidos artificialmente, lo que le permitía al acusado obtener imágenes sin ser visto.
A pesar de su afirmación de que había destruido todas las fotografías, dos mujeres decidieron presentar una denuncia formal. En respuesta, el propietario optó por desalojar a todos los residentes del complejo.










