A diferencia de lo que ha sucedido en otras iniciativas, el Ejecutivo ha mostrado disposición para realizar concesiones. “Todo se puede discutir, pero el Presidente ha establecido tres elementos innegociables: evitar que la gente tenga que votar seis veces, como en la Ciudad, ahorrar los 300 millones de dólares que costarán las primarias y acabar con los espacios publicitarios obligatorios en los medios”, se reafirma en el Gobierno.
Desde que el tema está en la agenda parlamentaria, la propuesta para eliminar las PASO se estanca. La cercanía a Santilli reconoce que “habrá reforma, eso es un hecho, pero los votos para eliminar las PASO no están y no se conseguirán. Podemos suspenderlas una vez o hacerlas opcionales”.
En Balcarce 50 se considera esencial que no haya primarias el próximo año, aunque niegan que la reforma busque despojar a la oposición de una herramienta para la unidad. El kirchnerismo, que ya intentó derogar las PASO durante el gobierno de Alberto Fernández bajo la justificación económica, y algunos sectores de la coalición opositora plantean la fragilidad del voto opositor como un factor que podría favorecer al oficialismo. Por esta razón, los votos necesarios para evitar las PASO dependen de la confianza en que no habrá traiciones en la presentación de listas.
Santilli, en colaboración con los primos Martín y Eduardo “Lule” Menem, busca disipar dudas entre los gobernadores y asegurar el apoyo de los bloques parlamentarios, especialmente del PRO y la UCR. “El proyecto no puede ser aprobado en el Senado sin el respaldo de todos, ya que en Diputados no sería suficiente con los votos de las provincias”, enfatizan desde un despacho oficial importante.
Se espera que la reforma se apruebe “en septiembre”, antes del debate por el Presupuesto, aunque reconocen que el plazo definitivo es el 31 de diciembre: “En un año electoral no se cambian las reglas del juego”.
Son conscientes de que la afirmación de que Karina ya ha renunciado a su deseo de modificar el mapa electoral a favor de los gobernadores no es suficiente. La idea de hacer un anuncio público del acuerdo no es del agrado de ninguna parte: “Hay que confiar. Ellos, que no comparten nuestras ideas económicas, no quieren asociarse demasiado con nosotros por temor a que no haya buenos resultados en sus provincias. Y para nosotros, validarlos sería un riesgo. La cuestión radica en la confianza, pero el Colo resolverá”, sostiene un líder oficialista.
En La Libertad Avanza también hay incertidumbre respecto a cómo se materializarán las posibles alianzas, tanto para la carrera presidencial como para las elecciones locales. Diversos referentes territorialmente libertarios han expresado sus reservas sobre la confiabilidad de los gobernadores. “En las provincias donde se desconcentran, podríamos quedar al margen y en octubre no recibir el apoyo para el presidente”, advierten desde la mesa política del Gobierno. Este aspecto es un punto de coincidencia entre todos los sectores, a pesar de las disputas internas.
Otro tema relevante es la negociación con el PRO. Aunque la relación entre Milei y Jorge Macri atraviesa un momento favorable, Karina está dispuesta a considerar una fórmula unitaria para no dividir el electorado antikirchnerista en la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, la tensión con Mauricio Macri complica la situación. El ex presidente ha insinuado su candidatura al darse cuenta de que LLA busca quedarse con la ciudad y se distancia cada vez más de Milei, manteniendo firme su defensa de las primarias. Su campaña del “Próximo PASO” inquieta a la Casa Rosada, aunque aseguran que “no mide más de 6 puntos”.
Karina Milei interpreta esto como una señal de que se reserva una carta para explorar una nueva alianza con otros partidos, similar a la que lo llevó al poder en 2015, y por ello instruye a Pilar Ramírez a aumentar la presión sobre el jefe de Gobierno, que a su vez está distanciado de su primo. “Que se arreglen entre ellos, porque el acuerdo es con ambos o no es con ninguno”, subrayan en el espacio de Milei.
Esta situación presenta un dilema en la negociación, que algunos funcionarios del Gobierno consideran desconectada de la realidad. A pesar de que reconocen que sin el PRO la reforma podría fracasar, también consideran que podría desafiar la autoridad de Macri dentro del partido. Están convencidos de que este tema es divisivo en el bloque de Diputados, liderado por Cristian Ritondo. “¿Cuántos votos podrá movilizar Mauricio si llegamos a una votación con sus gobernadores y Jorge presentes?”, se cuestionan.










