El primer caso registrado en finales disputadas bajo el formato tradicional es el de Sergio Gonella, quien arbitró el partido entre Argentina y Países Bajos el 25 de junio de 1978 en el estadio Monumental. Cuatro días después de esa memorable definición, que culminó con una victoria argentina por 3-1 en tiempo suplementario, el italiano anunció su retiro del arbitraje.
Con 45 años, Gonella había alcanzado uno de los más altos reconocimientos en su carrera. La final del Mundial de Argentina fue el último partido de su trayectoria, que también incluyó la dirección de la final de la Eurocopa de 1976 entre Checoslovaquia y Alemania Federal.
Doce años después, fue el turno de Edgardo Codesal, árbitro mexicano que dirigió la final del Mundial de Italia 1990 entre Argentina y Alemania Federal. En ese encuentro, el equipo europeo se impuso 1-0 en Roma gracias a un penal convertido por Andreas Brehme, y después de ese partido, Codesal decidió cerrar su carrera.
Es importante destacar que Codesal ya había tomado la decisión de retirarse antes de la final, lo que convirtió al partido decisivo del 8 de julio de 1990 en su última actuación consciente como árbitro profesional.
También hay un antecedente más antiguo, aunque con algunos matices. George Reader se retiró tras el Mundial de Brasil 1950, donde dirigió el famoso triunfo 2-1 de Uruguay sobre el anfitrión en el Maracaná. Este partido, que consagró al campeón, es conocido como el “Maracanazo”, aunque técnicamente no se considera una final oficial, ya que esa edición concluyó con un cuadrangular entre Uruguay, Brasil, Suecia y España.
Con 53 años, Reader había regresado del retiro previo para participar en aquella Copa del Mundo y se retiró definitivamente tras el evento brasileño.
De este modo, Vinčić se une a Gonella y Codesal como los árbitros que tuvieron una final mundialista como su último partido en el arbitraje, todos con una notable coincidencia: en cada ocasión, la selección argentina estuvo presente. Reader se suma a la lista si se considera el enfrentamiento entre Uruguay y Brasil de 1950 como la final de facto de esa Copa del Mundo.










