Antes de convertirse en el máximo goleador de la Primera B Nacional con 160 goles, Czornomaz cumplió el sueño de jugar en Independiente, club al que siempre había seguido como hincha. Fue promovido a Primera por Jorge “Indio” Solari y tuvo la oportunidad de compartir equipo con Ricardo Bochini, su máximo ídolo. Czornomaz recuerda con cariño esa etapa y considera a ese equipo uno de los más destacados de su carrera. Luego de su paso a Cobreloa, donde anotó 35 goles y se consagró goleador del torneo chileno, regresó al fútbol argentino para jugar en San Lorenzo. En el “Ciclón” se sintió titular, fue muy querido por la hinchada y consiguió la Liguilla de 1991. Además, su trayectoria incluyó pasajes por Rapid Viena de Austria, Universitario y Sporting Cristal de Perú, Tigres de México y múltiples clubes argentinos.
A los 38 años, mientras jugaba en Talleres de Escalada, Czornomaz comprendió que había llegado el momento de dejar el fútbol profesional. Aunque la pasión por el deporte seguía intacta, empezaba a notar que no lograba sincronizarse con sus compañeros en el juego. Como ya era entrenador recibido, decidió comenzar una nueva etapa en su carrera. Su primer trabajo fue junto a Pancho Martínez en Quilmes y luego acompañó a Leonardo Madelón en Rosario Central, donde ayudaron al equipo a evitar el descenso. Posteriormente, Czornomaz integró otros cuerpos técnicos y finalmente inició su camino como DT principal.
La llegada de la pandemia lo llevó a buscar alternativas fuera del fútbol. Czornomaz se convirtió en dueño de una agencia de quiniela y, al reactivarse la actividad, tuvo que hacerse cargo del negocio, ya que su empleado no podía regresar debido a un accidente. Así, el ex goleador atendió personalmente la agencia durante casi un año, hasta que su empleado pudo volver. Además, reveló que también se dedicó a vender seguros de automóviles, de hogares y ART. “Es hermoso vivir del fútbol, pero en esta profesión, que es un poco inestable, siempre es bueno tener algún trabajo o ingreso que te permita, cuando no hay fútbol, seguir viviendo de la misma manera”, remarcó en diálogo con un medio de comunicación.
“¿Qué hay de tu vida, Adrián?”, se le preguntó.
“Hasta la semana pasada estuve dirigiendo a Argentino de Quilmes, en el torneo de la B Metropolitana. Hicimos una campaña bastante buena, peleando el descenso desde que asumimos en la novena fecha. Terminamos a seis puntos del penúltimo, que es el último que se va. Ante la duda de los dirigentes y tras tres derrotas, la falta de confianza me llevó a dejar el equipo. Se me hacía mejor dar un paso al costado. El balance fue positivo; el plantel es lindo para trabajar y con una enorme predisposición para mejorar. Logramos diez partidos sin perder, competimos contra los líderes actuales, empatamos con Excursionistas y vencimos a Arsenal. Creo que tenemos los puntos necesarios para terminar la temporada sin problemas”, relata Czornomaz.
“¿Te inquieta la falta de estabilidad que sufren los técnicos tanto en Primera como en el Ascenso?”
“La verdad es que los técnicos nos hemos acostumbrado a esta situación. Muchas veces, el trabajo y profesionalismo no son evaluados en su totalidad. Existen situaciones que provocan la salida del cuerpo técnico. Pero los directivos a menudo solo observan los resultados, lo que lleva a que los procesos no se concreten. No solo sucede en Primera, sino también en todas las categorías. Hoy en día, el técnico es el primer fusible de toda crisis”, explica.
“¿Siempre fue así o había más paciencia cuando eras futbolista del Ascenso?”
“Antes había un poco más de tolerancia, pero el técnico siempre era el más afectado, dado que no puedes despedir a 30 jugadores. Hoy en día, la atmósfera es más explosiva, también por el impacto de las redes sociales. La visibilidad que tienen estas plataformas influye en las decisiones que toman los dirigentes, quienes, si no están bien afianzados en su conocimiento del fútbol, toman decisiones apresuradas. No debería ser normal que un club cambie de técnico tres o cuatro veces en una temporada. Eso es perjudicial”, dice.
“¿Sientes ganas de seguir en el ámbito del entrenamiento o piensas en un descanso?”
“Mis ganas de seguir siempre están. Esto es lo que me apasiona. En los últimos años hemos logrado llegar a la final con Argentino de Quilmes y competimos por el ascenso, además de hacer temporadas destacadas en otros clubes. En esta temporada, con un equipo que llegó a pelear el descenso, hicimos una buena campaña. En una rueda obtuvimos 31 puntos, lo que indica que en dos ruedas podríamos alcanzar 62 y posiblemente entrar al reducido. Así que sí, tengo un deseo muy firme de continuar en esta actividad”, argumenta.
“¿Qué entrenadores han sido claves en tu carrera para que te convertieras en director técnico?”
“Sin duda, el primero fue el Indio Jorge Solari en Independiente, porque sus entrenamientos eran muy modernos, casi todo se trabajaba con la pelota, algo que no era común. Luego, Lucas Manera fue otro gran influyente; Humberto Zucarelli tenía su propia manera de trabajar y de relacionarse con los jugadores. Jorge Ginarte también merece ser mencionado, porque su gestión del grupo y su cercanía al jugador impactaron en mí”, señala.
“¿Quién te debutó en Primera?”
“Solari fue el primero que me llevó desde Inferiores a Primera. Siempre estaré agradecido por haberme dado la oportunidad de jugar en el club de mis amores, donde también estaba mi ídolo Bochini. Los entrenamientos bajo su mando eran excelentes, uno aprendía mucho. Así que, definitivamente, él marcó un capítulo importante en mi vida”, revela.
“¿Cómo fue jugar junto a Bochini, considerando que pocos han tenido ese privilegio?”
“La experiencia fue fenomenal. Fue un jugador extraordinario. A pesar de su carácter reservado fuera de la cancha, en el terreno se volvía mágico. Sabía cuándo pasar la pelota, cuándo controlarla, ocupando espacios estratégicos y ofreciendo siempre un pase a favor del compañero. Su influencia era determinante y, desde el exterior, era hermoso verlo jugar. A medida que han pasado los años, me doy cuenta de que esa calidad de jugador escasea hoy en día; son los que crean las oportunidades, no necesariamente quienes convierten los goles”, opina Czornomaz.
“¿Formaste parte del mejor Independiente de la historia?”
“No estoy seguro de que haya sido el mejor, pero sí uno de los que jugaba de manera más atractiva. Aunque no era titular, participé en muchos partidos y marqué cuatro goles en el torneo. En ese plantel estaban jugadores campeones del mundo, como Bochini, Insúa, Ludueña, Bianco y Giusti. Sin dudas, ese mediocampo era capaz de generar muchísimos goles”, destaca.
“Es un Independiente muy distinto al de hoy, ¿no?”
“Definitivamente. Como hincha, crecí rodeado de logros en la Copa Libertadores y títulos internacionales. He tenido la fortuna de jugar y ganar campeonatos, como la Libertadores del 88/89. Sin embargo, reconozco que en los últimos años solo se lograron dos Sudamericanas, en 2010 y 2017. Ya pasaron 20 años desde el último título local y es complicado para un hincha vivir esta realidad. Con el tiempo, siempre se ha hecho difícil armar buenos equipos, y en ocasiones se ha sufrido mucho en lo económico. Esperemos que eso cambie para que nuestra juventud pueda disfrutar de títulos con más frecuencia, como yo lo hice de niño”, reflexiona.
“¿Es cierto que en el Ascenso firmaste un contrato con premios por cada gol que anotabas?”
“Sí, en mis contratos solía incluir una cláusula de premio por gol. Me pagaban 100 pesos por cada uno. Si anotaba 20 goles, comenzaban a darme 500 por gol, ya que estábamos en la fase definitoria del torneo. En ocasiones, incluso compartía mis premios con aquellos que me asistían para que pudiera empujarla”, recuerda con nostalgia.
“Por eso te convertiste en el máximo goleador de la historia de la Primera B Nacional con 160 goles, un récord impresionante.”
“Sí, siempre enfatizo con modestia que es un récord que probablemente no se vuelva a batir. Hoy en día, quienes convierten 15 o 20 goles en ese torneo, rápidamente se trasladan a jugar en Primera o se marchan a otros países de Sudamérica o América. El fútbol ha abierto sus mercados, y si destacas en Argentina, que es reconocido como uno de los mejores del mundo, te buscan de todas partes”, sostiene el ex futbolista.
“Te buscaron desde Chile. ¿Fue Cobreloa tu primera experiencia luego de Independiente? ¿Por qué decidiste dejar el Rojo?”
“Sí, cuando tenía 21 años pensaba que dejaría el club solo por un tiempo y volvería rápidamente. Sentía que formaba parte del plantel campeón, pero se empezaron a incorporar delanteros más reconocidos, y me daba cuenta de que podía estar tapado. Entonces, apareció la oferta de Cobreloa, que era financieramente atractiva en ese momento, así que pensé que anotando muchos goles allí podría regresar. Sin embargo, no volví a Independiente, sino que regresé a San Lorenzo. En el ‘Ciclón’ también logré hacer muchos goles y ganamos la Liguilla del 91. Hicimos un excelente equipo, con un hincha increíble y muchos jugadores batalladores”, detalla.
“¿Estuviste a punto de enfrentar problemas legales, puede ser?”
“No, no llegué a eso, pero realmente tuve miedo. Cuando me vendieron de San Lorenzo al Rapid de Viena, se discutió mucho sobre la presidencia del club debido a supuestas irregularidades en el pase. Me solicitaron declarar ante la CIA, ya que investigaban a los dirigentes implicados. Esto, por supuesto, afectó mi rendimiento en el equipo. Eventualmente, esos administradores fueron procesados y despedidos, y la nueva directiva no veía con buenos ojos mi continuidad. Este episodio afectó fuertemente mi paso por el fútbol austriaco”, contó.
“Posteriormente, estuviste en Perú, México y en numerosos clubes argentinos.”
“De hecho, jugué en unos 20 clubes. En Perú tuve una destacada carrera y me sentí como un ídolo; caminando por la calle, la gente me pedía fotos. Con Universitario de Perú, tuve una gran experiencia, incluso jugué la final de la Copa Libertadores con ese club contra Cruzeiro. Empatamos 0-0 en Lima y perdimos 1-0 en Brasil. Tuve una carrera increíble a lo largo de los años y no me arrepiento de nada”, afirmó.
“¿Cuál consideras que fue tu mejor momento?”
“Tuve momentos hermosos en Perú, pero también en Independiente, jugar en mi club fue especial. Además, mis etapas en All Boys, Los Andes y Atlético Tucumán fueron memorables. Lo que más me emociona es cuando regreso a clubes en los que jugué y me reciben con cariño, no solo como futbolista, sino como persona. Esas son las experiencias que realmente valoro”, reflexionó.
“¿Por qué decidiste retirarte y a qué edad?”
“Me retiré a los 38 años, en Talleres de Escalada. En un momento te das cuenta de que ya no puedes moverte al ritmo de tus compañeros. Comienzas a notar cuando el volante te da el pase tarde y eso genera incomodidades. Entonces, mi conclusión fue que ya no podía seguir. Al ser técnico recibido, decidí dar paso a una nueva etapa, comenzando como asistente de Pancho Martínez en Quilmes. Después dirigí la Reserva y Cuarta de Quilmes en 2007, y así comenzó mi carrera como director técnico. Posteriormente, me uní a Madelón en Rosario Central para salvar al equipo del descenso, lo que me permitió estar 10 años con él. Luego, estuve con el Ruso Zielinski y eventualmente asumí como DT










