El médico destacó que la fibromialgia es “una enfermedad poco comprendida, que los médicos no la manejamos correctamente y que vos la sufrís en casa”, haciéndose eco de que es un padecimiento que predomina en mujeres.
Tartaglione hizo hincapié en la frustración que provoca el proceso diagnóstico inicial, el cual a menudo se caracteriza por la ausencia de hallazgos en los estudios de laboratorio convencionales. “Te hacen todos los análisis, son normales. Te hacen examen de laboratorio de sangre y son normales y vos decís: ‘¿Qué puede ser que esto?’”, explicó el especialista.
Esta confusión puede conducir a que muchos pacientes reciban diagnósticos incorrectos o que se minimicen sus síntomas: “Es psicológico” o “Estás nerviosa, estás menopáusica”. Tales respuestas contribuyen a la incomprensión y al aislamiento, factores que suelen agravar el estado clínico de quienes padecen la enfermedad.
Desde un enfoque médico, la fibromialgia va más allá del dolor localizado, manifestándose a través de un “dolor generalizado, calambres, frío, doloroso”, además de una fatiga extrema. Un síntoma habitual es lo que se conoce como “fibrofog”, descrito por los expertos como una “niebla mental” que dificulta el razonamiento claro. Esta alteración se origina en el sistema nervioso, que aumenta el umbral de percepción del dolor.
Para el diagnóstico, los protocolos actuales ya no consideran esta afección como un diagnóstico de descarte. Se requiere la presencia de “dolor persistente” durante al menos tres meses, asociada a fatiga y la aplicación de evaluaciones a través de un índice. Es fundamental abandonar la noción de que se trata de una condición imaginaria, ya que “es una respuesta del sistema nervioso alterado”.
El tratamiento eficaz de la fibromialgia demanda un enfoque integral, tal como explica el experto: “El abordaje es multidisciplinario. Muchas personas deben intervenir en este tratamiento”.
Este enfoque se basa en cuatro pilares fundamentales: el ejercicio físico de fuerza como eje principal, la psicoterapia para gestionar el impacto emocional, la farmacoterapia adecuada a cada caso particular y, crucialmente, la educación del paciente sobre su propia enfermedad. “Sentate con tu médico, hablaros, sentite comprendida y tené empatía con la enfermedad”, concluyó el especialista.










