A los 19 años y proveniente de Lansing, Míchigan, Johnson recordó su primera conversación con Jerry Buss, propietario de los Lakers desde ese año. “Earvin, no solo vamos a ganar campeonatos. Lo haremos con estilo”, le afirmó Buss, según el relato del exjugador.
Johnson indicó que la filosofía iba más allá de los resultados. Se buscaba que el baloncesto se integrara a la identidad de Los Ángeles, una urbe vinculada a la industria del entretenimiento. Esta visión se materializó en el Forum, donde las celebridades ocupaban los asientos de primera fila, acompañadas por las Laker Girls y un equipo que apostaba por un juego dinámico.
El primer indicio del interés que generaba el joven base tuvo lugar en julio de 1979, durante un partido de la liga de verano contra Detroit Pistons en la Universidad Estatal de California en Los Ángeles. Johnson esperaba una escasa afluencia de público, pero el estadio congregó a más de 3.000 espectadores.
El base brilló con 24 puntos y 9 asistencias en solo 28 minutos. “La función ya estaba en marcha”, recordando una actuación llena de pases sin mirar, volcadas y una energía que luego se volvería característica del equipo.
Buss sintetizaba la exigencia con una frase que Johnson aún guarda: “No estamos en el negocio del básquet. Estamos en el negocio de la excelencia”. Para el exjugador, aquel brillo no desestimaba el esfuerzo interno. “Trabajábamos más que nadie. Éramos más disciplinados que ningún otro”, escribió.
El debut en la temporada regular presentó otra escena clave. Los Lakers vencieron a los Clippers en San Diego con un skyhook de Kareem Abdul-Jabbar sobre la bocina. Johnson abrazó a su compañero durante varios segundos, hasta que el pívot puso un freno en el vestuario.
“Novato, no podemos estar tan arriba después del primer partido. Faltan 81”, le advirtió Abdul-Jabbar. Johnson respondió: “Si metés un tiro así 81 veces más, voy a saltar a tus brazos 81 veces más”.
Este intercambio definió la relación entre dos jugadores de distintas generaciones. Johnson reconoció que aquel era el equipo de Abdul-Jabbar, cuatro veces MVP y figura central de la liga, y buscó adaptarse a sus necesidades. Al preguntarle dónde prefería recibir el balón, el pívot respondió que lo quería alto, y esa coordinación se transformó en una de las bases del juego ofensivo de los Lakers.
La campaña 1979-80 sufrió un revés temprano cuando el entrenador Jack McKinney tuvo un accidente en bicicleta tras 13 partidos. Paul Westhead tomó el mando, con Pat Riley como asistente, y el equipo finalizó la fase regular con 60 victorias.
En los playoffs, los Lakers avanzaron superando a Phoenix y Seattle antes de enfrentar a Philadelphia 76ers en las Finales. La serie llegó al quinto partido igualada 2-2, cuando Abdul-Jabbar se lesionó un tobillo. Sin embargo, regresó para anotar 14 puntos en el último cuarto y asegurar un triunfo por 108-103, aunque no pudo viajar a Filadelfia para el sexto partido.
Johnson decidió ocupar el asiento 1A del avión, generalmente reservado para el capitán del equipo, mientras repetía a sus compañeros: “No teman, Magic está aquí”.
Luego sugirió a Westhead que jugara como centro, a lo que el entrenador accedió. El novato finalizó el sexto partido con 42 puntos en la victoria 123-107, mientras Jamaal Wilkes sumó 37 y Jim Chones contribuyó con 11 tantos y 10 rebotes. Así, los Lakers sellaron la serie y alcanzaron el campeonato.
Johnson asoció aquel primer título con la consolidación del Showtime. Destacó la visión de Jerry West como gerente general y el enfoque de Riley cuando se convirtió en entrenador principal. “La excelencia no es ocasional, es un hábito”, fue el mensaje que, según el exjugador, respaldó las rigurosas prácticas y las sesiones de video del equipo.
El arribo de Phil Jackson en 1999, según Johnson, fue una continuación de esos principios. Bajo su dirección, los Lakers lograron cinco campeonatos más, con Shaquille O’Neal y Kobe Bryant como protagonistas de una nueva era.
El exjugador manifestó que la tradición de la franquicia explica la llegada de estrellas de diferentes épocas, entre ellas Wilt Chamberlain, Abdul-Jabbar, Shaquille O’Neal, Bryant, LeBron James y Luka Dončić. “El Showtime no era solo un apodo; era una filosofía”, concluyó Johnson.










