Argentina busca un lugar en la final, y es difícil desligar este clásico de su contexto simbólico. Las autoridades de Atlanta han implementado rigurosas medidas de seguridad, clasificando este encuentro como de “alto riesgo”, el primero de la Copa del Mundo en recibir tal calificación. Ante la gran afluencia de hinchas de ambos países y la expectativa que rodea el partido, se implementarán accesos separados para el público, una estrategia nunca antes aplicada en los otros 101 encuentros del torneo.
El clima de expectación se vio reflejado este martes en un banderazo argentino, que reunió a miles de hinchas en Atlanta. Si bien varias banderas de Malvinas fueron exhibidas, se ha decidido no permitir su ingreso al estadio.
En un detalle que señala cómo se vive este duelo más allá de la cancha, la AFA solicitó usar la camiseta alternativa, en un tono negro con detalles azules, evocando la indumentaria que utilizó la selección durante el histórico 2-1 en el Azteca, así como aquella que llevó en 1998 al eliminar a Inglaterra por penales.
Mientras tanto, el cuerpo técnico argentino en el hotel The Whitley se esfuerza por concentrarse en el juego, buscando restar importancia a la presión externa y enfocándose en mejorar el rendimiento del equipo. Se prevén posibles ajustes tácticos para recuperar la solidez y fluidez características de presentaciones anteriores, sin sacrificar el poder ofensivo evidenciado a lo largo del torneo.
Con excepción de un partido ante Austria, donde Lionel Messi anotó en dos oportunidades, Argentina ha marcado en todos sus encuentros, promediando 2,83 goles por partido, la segunda mejor marca histórica de la selección en Copas del Mundo, solo detrás de la obtenida en 1930. Aunque el técnico no ha confirmado la alineación, se anticipa que podría haber cambios en el esquema, con la posibilidad de que Nicolás Otamendi ingrese en lugar de Rodrigo De Paul.
La delantera, compuesta por Lionel Messi, Julián Álvarez y Lautaro Martínez, ha sido clave, anotando 11 de los 16 goles de la selección. Scaloni mantiene su confianza en estos jugadores para enfrentar a Inglaterra.
El potencial ofensivo es uno de los pocos elementos que le brindan tranquilidad al entrenador. Aunque Argentina no ha mostrado su versión más convincente en ciertos partidos, su capacidad goleadora ha sido notable, contribuyendo a su posición como líder en goles en el torneo. Además, el equipo ha demostrado versatilidad, marcando de diversas maneras y aprovechando las oportunidades, lo que incluye la conversión de cinco goles a balón parado además de dos penales fallidos por Messi.
Para los hinchas ingleses que han llegado a Atlanta, el foco permanece casi exclusivamente en el fútbol. La herida que quedó tras el gol con la mano de Maradona en 1986 sigue viva. En el ambiente británico, el optimismo prevalece, alimentado por la creencia de que esta podría ser su oportunidad para volver a una final de Mundial, algo que no logran desde hace más de 50 años. A medida que avanza el tiempo, la espera se vuelve más tensa.
Cuando el árbitro estadounidense Ismail Elfath dé la señal de inicio a las 16, todos los elementos externos quedarán en segundo plano: las memorias, las estadísticas y los debates históricos. Luego habrá tiempo de reflexionar sobre esos aspectos, pero primero, llega la hora de jugar. Argentina tendrá 90 minutos, o quizás más, para escribir una nueva página frente a Inglaterra y soñar con un lugar en la final. Aunque el pasado tiene su peso, es en el presente donde se definen los destinos.










