La derrota ante Hull City (2-0), la victoria frente a Ipswich Town (5-2) y el empate 2-2 agónico contra Everton han resultado en un total de seis goles recibidos en las primeras tres fechas. Sumando la caída ante Manchester City (1-0), el saldo asciende a siete tantos, dejando al equipo con cuatro puntos de doce posibles.
A pesar de la variedad de contextos en los encuentros disputados, la repetición en los goles recibidos ha establecido una tendencia que Carrick admitió al término de la tercera jornada. “Hay pequeños momentos que podemos resolver un poco mejor”, destacó el entrenador.
Señaló que los dos goles encajados frente a Everton provinieron de disparos lejanos de alta precisión, pero subrayó que el equipo necesita mejorar su registro: Manchester United debe recibir menos goles para incrementar sus posibilidades de triunfo.
Esta problemática va más allá de una simple corrección. La fragilidad del equipo en acciones a balón parado se evidenció contra Hull, mientras que los disparos desde fuera del área tuvieron un rol crucial frente a Everton. Carrick planteó que la solución debe ser colectiva. “Hay cosas en las que debemos mejorar como equipo”, manifestó.
El desafío implica optimizar la organización sin balón, la reacción en momentos clave y la capacidad para mantener los resultados.
La última vez que el club permitió al menos dos goles en sus tres primeros partidos de Premier League fue al inicio de la temporada 2020-21. Bajo la dirección de Ole Gunnar Solskjær, el equipo sufrió una derrota 3-1 ante Crystal Palace, una victoria 3-2 contra Brighton & Hove Albion y una caída 6-1 frente a Tottenham Hotspur, sumando así 11 goles en contra.
Si bien la actual cifra es menos alarmante, su significado estadístico es considerable. El precedente más cercano se remonta a 1972-73. En esa temporada, el United perdió 2-1 contra Ipswich, cayó 2-0 ante Liverpool y sufrió otro revés por 2-0 contra Everton.
Esa etapa marcó un declive que condujo al despido del entrenador Frank O’Farrell cuatro meses después.
La comparación entre ambos momentos refleja contextos distintos, aunque resalta la singularidad de la situación actual. En aquel entonces, el equipo de Mánchester había sido campeón de Europa en 1968, pero se encontraba en una transición complicada, con figuras como Bobby Charlton y Denis Law cerca del final de su carrera y George Best a punto de concluir su etapa en el club.
Dos años después, Manchester United descendería de categoría.
Sin embargo, hay un caso histórico que ofrece una perspectiva menos lineal. Durante la temporada 1964-65, el equipo de Matt Busby también recibió dos o más goles en sus tres primeros partidos. Igualó 2-2 con West Bromwich Albion, perdió 3-1 ante West Ham United y volvió a empatar 2-2 frente a Leicester City, pero al final de la temporada se consagró campeón de Inglaterra.
Ese plantel se movía en un contexto de tácticas más ofensivas con sistemas como el 3-2-5, lo que puede ayudar a explicar los marcadores más abiertos. No obstante, este antecedente demuestra que un comienzo vulnerable no determina por sí solo el futuro de una temporada. La respuesta posterior, más allá de las cifras iniciales, será lo que defina la magnitude de la problemática actual.
El curso pasado presenta otra referencia válida para evaluar el potencial de mejora. Manchester United marcó 69 goles, apenas dos por debajo de los 71 de su rival, pero recibió 50 frente a los 27 de ellos. Esa diferencia en defensa se tradujo en una separación de 14 puntos en la clasificación.









