La industria farmacéutica argentina obtuvo una victoria clave en el Congreso, logrando una concesión crucial en la redacción final del Tratado de Cooperación de Patentes (TCP). Esta modificación forzará el regreso del texto a la Cámara de Senadores, demorando su ratificación, que se esperaba para fines de mes tras 28 años de parálisis legislativa.
El TCP simplifica el proceso global de patentamiento, otorgando a una solicitud internacional el mismo efecto legal que si se presentara en cada uno de los 158 estados contratantes. Esta posibilidad generó una fuerte resistencia de la industria farmacéutica local, que teme por su modelo de negocio y el control sobre la propiedad intelectual.
El punto de tensión se centró en el Capítulo II, donde los laboratorios exigieron que Argentina pueda hacer una reserva específica sobre el uso que el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) le da a las opiniones preliminares de oficinas de patentes internacionales. Aunque esta reserva es considerada por el oficialismo como un logro más “simbólico que sustantivo” —dado que el INPI ya usa estos dictámenes no vinculantes—, su inclusión es vista como una importante victoria política para el sector farmacéutico. El dictamen conjunto del Tratado está programado para este martes en la Cámara de Diputados.









