Las plataformas digitales nos presentan una realidad superficial donde la interacción se reduce a ‘gustos’, ‘compartidos’ y ‘amigos’. Aunque se les denomine ‘redes sociales’, en muchas ocasiones terminan por aislarnos dentro de algoritmos adictivos. Este scroll interminable nos aleja del pensamiento crítico y nos enfrenta a un sistema de notificaciones que nos mantiene en distracción constante, como un velo que no nos permite mirar más allá. La saturación de información y desinformación nos abruma, generando confusión en un mundo cada vez más acelerado. En medio de esto, tomamos nuestro celular y escuchamos audios a mayor velocidad, quizás en un intento de ahorrar tiempo que, irónicamente, invertimos en juegos como Candy Crush. La incertidumbre ha dejado de ser ocasional y se ha convertido en una constante, reflejando un mundo, como lo describía Zygmunt Bauman, líquido y ahora gaseoso: impredecible e inestable. La discusión sobre si la inteligencia artificial representa un riesgo existencial para la humanidad ha tomado protagonismo, con pronósticos apocalípticos de programadores que generan angustia y desconfianza. A la par, la desigualdad económica en el mundo continúa en aumento y nuestro planeta presenta claras señales de agotamiento. La pregunta que surge es: ¿cómo salir de este laberinto? Evocando al poeta Leopoldo Marechal, quien decía que ‘de todo laberinto se sale por arriba’, el doctor en Educación Daniel Brailovsky sintetiza que, en la contemporaneidad dominada por los smartphones, la atención es ahora un recurso disputado por las grandes corporaciones digitales. Este asunto es tanto económico, dado que nuestra atención se monetiza, como político, ya que decide nuestras prioridades colectivas y la vida social. Es fundamental recuperar el significado profundo de palabras que buscan vaciarse de sentido: amigos, compartir, redes sociales. Además, es esencial reintegrar conceptos como la empatía, los abrazos y el contacto visual, fortaleciendo así el tejido social. Volver a la atención plena y a los encuentros significativos podría resultar en la reconquista de una esperanza que parece escasa en medio de la rápida rutina diaria. El dilema persiste: ¿seguir scrolleando o alzar la mirada?










