El aumento del costo de vida. El temor a que la inflación siga erosionando los ingresos. Guerras que comienzan y no terminan. El miedo de los inmigrantes a enfrentar medidas cada vez más punitivas. Un conjunto de factores que se resumió en un lema que llegó al corazón de los votantes: “Controlar el Congreso para controlar a Donal Trump”. Pero hubo algo más: un golpe al ego del presidente, casi tan alto como los precios del combustible en su país. El resultado fue contundente. Por primera vez desde que ocupa el máximo cargo, tendrá a la oposición por encima suyo. El Senado quedó en manos demócratas. La incógnita ahora es cómo reaccionará el mandatario ante el avance opositor, que buscará poner freno a los dos últimos años de su gestión y tendrá capacidad para impulsar investigaciones sobre decisiones del gobierno republicano, como la identidad de los beneficiarios del negocio petrolero venezolano. “Me transformaré en el Señor Veto”, había dicho en una entrevista, 24 horas antes del cierre de los comicios. Durante el conteo, Trump descargó su enojo contra una encuesta televisiva: “La encuesta de Fox News, que siempre es la peor, resulta sumamente ofensiva por las preguntas que plantea. Cada pregunta es un ataque premeditado, y ante cada respuesta, ¡solo cabe decir: «¡Pura mierda!». Esto lleva ocurriendo años”, escribió en su red social Truth Social.
Mientras los primeros resultados aparecían en las pantallas, en la embajada argentina se esforzaban por reiterar un mensaje que habían transmitido antes de la elección: “Esto no cambia nada. El mensaje del presidente Javier Milei siempre fue el mismo, incluso antes de la llegada de Trump al poder y es que Argentina tiene que tener una alianza estratégica con los Estados Unidos. Se planteó cuando aún estaba Joe Biden. Y se seguirá planteando”. El encuentro, realizado en el primer piso, reunió a diplomáticos argentinos, entre ellos el embajador Alec Oxenford, y al subsecretario de Gestión Institucional, Eduardo “Lule” Menem, además de legisladores y empresarios. La noticia fue muy mala para ellos. Por suerte, el agasajo concluyó a las 18, antes de que se conocieran los primeros resultados oficiales.
El lunes, uno de los más de 40 centros de análisis que funcionan en Washington conversó bajo estricta reserva sobre las consecuencias que podría tener el control opositor de ambas cámaras. La pregunta fue si podían ofrecer algún ejemplo con repercusiones para la Argentina y América Latina. “Bueno, los demócratas podrían activas comisiones investigadoras. Hay dos puntos que pueden servir para entenderlo. Habrá pedidos de información sobre quiénes fueron los ganadores del petróleo venezolano. Y porque no, solicitar más información sobre el financiamiento que Estados Unidos le brindó a la Argentina en 2025”. La senadora demócrata Elizabeth Warren había pedido información sobre la ayuda financiera del gobierno de Trump a la Argentina. En una carta al secretario del Tesoro, Scott Bessent, reclamó que se cierre en enero de 2026 la línea de intercambio de monedas por 20.000 millones de dólares con el país. En ese comunicado, también solicitó una copia del acuerdo. Aunque este tipo de iniciativas no tiene poder para frenar decisiones que Trump pueda tomar en 2027, busca poner esas medidas bajo la mirada pública.
Durante un recorrido por Washington, quizá uno de los distritos más demócratas del país, se vio un clima festivo durante toda la noche. Fue lo contrario del silencio de dos años atrás, cuando Trump arrasó en la elección presidencial. “Esto nos vuelve a demostrar que nada es para siempre. Ahora Trump va a tener que escuchar”, dijo, eufórico, un joven estudiante que pasó esa semana en la casa de sus padres para votar. En algunos bares tradicionales, los resultados se siguieron en pantallas distribuidas por todo el local y cada triunfo opositor se festejó como un gol.
Amine tiene 54 años. Llegó de Marruecos a los 19, gracias a que un primo lo recibió. Vive en Arlington y votó de manera anticipada. Eligió a los demócratas. “La primera vez que se presentó Trump lo voté. Pero nunca más. Todo subió. Manejo un auto de aplicación y cada vez alcanza para menos. Pero no tengo miedo por mí sino por mis hijos. El Congreso puede frenar su política ante inmigrantes. Mira si un día echan a mis hijos? El Gobierno solo habla de negocios. El resto pasa a un segundo plano”. Scott es de Washington y ha vivido allí toda su vida. A los 42 años, todavía considera que Trump es una novedad. “Lo acusan de ser sistema pero vino a modificar las cosas. Me causa gracia que lo insultan por su verborragia. Nosotros no lo escuchamos. Sino que miramos la política. Ey! Tiene 81 años. Mi padre también dice incoherencias. Por eso hay que ver los hechos más allá de todo”.
El golpe de gracia llegó desde Texas. El último demócrata que había ganado allí una elección para el Senado fue Lloyd Bentsen, en 1988. Esa racha terminó ayer: James Talarico, de 37 años, obtuvo la banca. “No tiene que ver con Izquierda o Derecha, sino entre los de arriba y los de abajo”, dijo después de votar. “Realmente dimos el golpe, es hora de trabajar para frenar a un Presidente que se creyó superpoderoso”, celebró su equipo de campaña mientras seguía los resultados en las pantallas.










