En este período, el empleo registrado en el sector privado por medio de salarios se vio afectado, con una reducción de 50.000 puestos, lo que equivale a una disminución intertrimestral del 0,8%. Asimismo, el número total de empresas empleadoras también experimentó una baja, alrededor de 6.200 firmas, representando una caída del 1,1%.
“La contracción de empleo se debió a que las empresas que destruyen empleos recortaron su personal en mayor medida que las que crearon nuevos puestos”, destacó la Secretaría de Trabajo.
En términos absolutos, las empresas que eliminaron empleos contrajeron 295.000 puestos, mientras que las que generaron incorporaron 254.000. En este contexto, se revela que los procesos de apertura y cierre de empresas explicaron entre el 16% y el 17% del total de empleo creado y destruido, respectivamente.
De las 50.000 posiciones laborales perdidas, solo 11.000 se atribuyen a la reducción neta de empresas, es decir, al saldo entre las firmas que abrieron y las que cerraron. Por el contrario, 39.000 empleos, que representan el 79% del total, se deben al balance de las empresas que continuaron operando.
En este sentido, la disminución neta de empresas (6.200 menos) representó una quinta parte de la caída total del empleo en el trimestre, comparado con el trimestre anterior.
“Estos resultados indican que en el cuarto trimestre de 2025 tanto el cierre de empresas como la reducción total de su plantilla laboral explican solo una parte menor del total de empleos destruidos. En cambio, el elemento clave para la variación negativa en el empleo radica en el comportamiento de las empresas activas, donde las desvinculaciones eclipsaron las nuevas contrataciones”, señala el informe oficial.
A pesar de que esta tendencia es habitual en el mercado laboral argentino, hasta el cuarto trimestre de 2025 no se evidencian indicios empíricos de un cambio estructural en las dinámicas laborales o en el panorama empresarial. La disminución en el número de empresas no está ligada a un aumento inusual de cierres, sino a una baja cantidad de nuevas aperturas.
Al comparar las tasas de apertura y cierre de empresas entre 1996 y finales de 2025, se observa que, en el trimestre en cuestión, el 3,7% del total de empresas cerró, una proporción que se asemeja a la registrada entre 2007 y 2019. En contraste, las nuevas aperturas solo representaron el 2,5% del total, alcanzando mínimos históricos.
“Desde una perspectiva histórica, la reducción del tejido empresarial se explica por un bajo volumen de aperturas y no por un número elevado de cierres, un fenómeno que se ha observado en otras fases de ajuste del stock de empresas”, sostiene la cartera de Trabajo.
“No se aprecia un aumento extraordinario en el cierre de empresas. Aunque se observa una caída en el número de firmas empleadoras, esta variación negativa se debe en su mayor parte a un déficit en la creación de nuevas unidades productivas”, aclara el informe.
Además, se señala que la disminución en la cantidad de empresas no es el factor determinante en la evolución neta del empleo, ya que representa solo una quinta parte de los puestos perdidos.
“Estos fenómenos configuran un panorama de evolución de la demografía empresarial que es moderadamente negativo, una tendencia que se ha visto en otros períodos. Por lo tanto, en la actualidad no se detectan señales de un cambio estructural en las tendencias del empleo ni de la actividad de las empresas”, concluye.










