No obstante, esta dinámica no se limita al ingreso inicial de los recursos. Cuando una empresa emite deuda en el extranjero y convierte las divisas en el mercado local, se incrementa la oferta de dólares disponibles, lo que permite al Banco Central realizar más compras.
A medida que estas transacciones refuerzan las reservas del país, también disminuyen uno de los principales factores de incertidumbre que influyen sobre el riesgo país. Como resultado, una nueva reducción de este indicador podría facilitar nuevas emisiones a tasas más bajas, reiniciando el flujo.
Este mecanismo también contribuye a sumar divisas de actividades menos afectadas por la estacionalidad propia del sector agropecuario. En particular, las empresas dedicadas a la producción de energía y petróleo han concentrado una gran parte de las colocaciones de mayor envergadura, en un contexto caracterizado por el incremento de su producción y sus planes de inversión.
A pesar de esto, los analistas advierten que la continuidad de este proceso estará sujeta tanto al contexto internacional como a la evolución del programa económico y al calendario electoral en el país.
El inicio de esta tendencia fue la reducción del riesgo país. El indicador se mantuvo en su mayoría por debajo de los 600 puntos básicos en los últimos meses, alcanzando la semana pasada su nivel más bajo desde abril de 2018, en 400 puntos. “Esa sensación de estabilidad permite a las empresas emitir deuda en dólares a tasas convenientes para el emisor”. Sin embargo, aclaró que no ha habido un crecimiento repentino en el volumen, sino que se ha consolidado una tendencia iniciada después de las elecciones legislativas. Desde entonces, el ritmo de colocaciones se ha mantenido estable, sin mostrar signos de una aceleración reciente.
El mercado no está experimentando una nueva aceleración, aunque permite dimensionar el flujo que ya está en curso. Una economista de una sociedad de bolsa, comentó que las colocaciones “parecen haber encontrado una velocidad crucero cercana a u$s1.000 millones mensuales”, tras el pico registrado entre noviembre y enero.
Estos volúmenes fueron, en gran parte, el resultado de operaciones que se habían postergado antes de las elecciones, es poco probable que se repitan, dado que el mercado estuvo prácticamente cerrado en los meses previos a los comicios. Por lo tanto, las emisiones de noviembre y enero reflejan un efecto de “catch-up” después de varios meses sin que las empresas pudieran llevar a cabo sus planes de financiamiento.
Asimismo, el pago de Globales y Bonares el 9 de julio no modificó de manera significativa las decisiones de los emisores, ya que “se trataba de un evento ampliamente descontado por el mercado y ya incorporado en las decisiones de financiamiento”. Sin embargo, el cobro de los cupones dejó capital disponible entre los inversores y abrió una ventana para captar esa liquidez. Mientras los tenedores buscaban opciones de reinversión, algunas compañías aprovecharon las mejores condiciones para refinanciar sus pasivos y reducir costos.
Un caso destacado fue el de Vista, que emitió u$s75 millones en dólar MEP, a una tasa del 5% y un plazo de 36 meses. Finalmente, destinó esos fondos a rescatar obligaciones con vencimiento en 2027 que tenían una tasa más alta. De este modo, la petrolera logró mantener el mismo nivel de endeudamiento, pero reduciendo el costo financiero relacionado.
El Tesoro también se benefició de la disponibilidad de fondos a través de la colocación del AO29, captando cerca de u$s620 millones en su primera licitación entre el miércoles y el jueves, a una tasa anual cercana al 8,3%. Al igual que los otros dos Bonares emitidos por el Gobierno, este título paga un cupón mensual del 0,5%.
Aunque las emisiones abarcan diversos sectores, el sector energético constituye una parte fundamental del flujo. A las necesidades de refinanciamiento se suman, en este caso, los planes de inversión relacionados con el incremento de la producción de petróleo, gas y electricidad.
“Las emisiones corporativas de mayor tamaño han sido protagonizadas, en tiempos recientes, por las empresas de energía y petroleras”. En este sentido, hay dos clases de deuda simultáneamente: además de los u$s75 millones en dólar MEP al 5% y un plazo de 36 meses, obtuvo otros u$s75 millones en dólar cable, a una tasa del 3,75% y vencimiento en 18 meses.
Por su parte, Pluspetrol logró captar u$s450 millones en dólar cable, con una tasa del 7,55% y vencimiento en 2037. Asimismo, Edenor salió al mercado y consiguió u$s213 millones, a una tasa del 7,5% y con vencimiento en 2029.
Así, las empresas petroleras no solo lideraron las emisiones por montos, sino que también consiguieron extender los plazos de financiamiento, algo crucial para aquellas compañías que requieren cubrir inversiones cuyo retorno no es inmediato.
Paralelamente, el sector financiero ha incrementado su presencia en el mercado. Banco Nación, Banco de Valores y próximamente BBVA se encuentran entre los emisores de las últimas semanas, si bien sus operaciones son de menor tamaño en comparación con las realizadas por las petroleras.
En términos concretos, VALO emitió una ON Clase 4 por u$s20 millones para financiar el crecimiento de su cartera de créditos corporativos. La colocación recibió ofertas por u$s32,9 millones, superando en un 65% el monto emitido, y se adjudicó a una tasa del 4,25% anual, lo que refleja el interés de los inversionistas en el crédito corporativo argentino. Esta emisión tuvo un plazo de 371 días y fue calificada con ML A-1.ar por Moody’s Local, lo que respalda la calidad crediticia del instrumento.
El impacto de estas colocaciones corporativas no se limita al financiamiento de las empresas. Dado que parte de los dólares obtenidos debe ser liquidada en el mercado cambiario, también amplían la oferta de divisas y pueden facilitar las compras del Banco Central.
Este vínculo se evidenció nuevamente cuando el BCRA adquirió u$s532 millones, la cifra más alta en un solo día desde el comienzo del programa de acumulación de reservas. Esta operación representó el 105,8% del volumen negociado en el segmento spot T+0, lo cual se asoció con una colocación corporativa en bloque. Desde PPI consideraron plausible esta hipótesis, dado que las empresas deben liquidar los fondos antes de volver a acceder al mercado para afrontar el pago de intereses inicial. Hasta la fecha, las emisiones locales e internacionales han alcanzado un total de u$s10.900 millones en el año, incluyendo u$s3.101 millones colocados en enero.
Este flujo puede complementar la oferta del agro y fortalecer el balance del BCRA. Sin embargo, un economista, advirtió que “para que la compresión de tasas sea estructural y no un mero movimiento especulativo o transitorio de corto plazo, la clave es la acumulación sostenida de reservas internacionales, con un balance del Banco Central fortalecido de forma genuina”.
También se identifican posibilidades para una nueva reducción del riesgo país, aunque también se advirtió que las elecciones de 2027 podrían generar inestabilidad. Por otra parte también se señaló que las altas tasas en Estados Unidos, la aversión al riesgo por la situación en Medio Oriente y una Reserva Federal potencialmente más restrictiva continúan limitando la disminución del costo financiero.
Si las empresas logran mantener el acceso al crédito y continúan ingresando divisas, el BCRA podrá sumar reservas, y un balance más sólido podría mejorar las condiciones para futuras emisiones, facilitando así una reducción sostenida del riesgo país y del costo de financiamiento para las empresas, incluidas aquellas fuera del sector energético y financiero.










