Este reclamo del sector surge tras la implementación por parte de Brasil de su programa nacional de Combustible Sustentable de Aviación (SAF), que incluye objetivos obligatorios para la reducción de emisiones en el transporte aéreo y una estrategia que también busca promover el uso de combustibles sostenibles en diversas áreas. Según CIARA-CEC, la disparidad en el avance de ambas naciones se convierte en una preocupación creciente para la competitividad de Argentina.
Desde la entidad resaltaron la necesidad de actualizar la normativa vigente, orientada a generar una mayor demanda interna de materias primas agrícolas y estimular inversiones en la producción de biocombustibles.
“Brasil avanza en los biocombustibles de aviación civil y de uso marítimo, mientras nuestro país se queda en el banco de suplentes”, criticaron desde CIARA-CEC, cuestionando la falta de progresos legislativos. Este proceso podría facilitar un incremento en la utilización de bioetanol y biodiésel, expandiendo así el mercado interno de productos derivados del maíz, la caña de azúcar y la soja. Además, la industria sostiene que el avance en la producción de estos combustibles podría atraer inversiones, generar empleo calificado y potenciar la actividad en las economías regionales.
Gustavo Idígoras, presidente de CIARA-CEC, expresó su descontento con la situación actual. “Mientras Brasil construye futuro nosotros vivimos en el pasado”, afirmó, aludiendo al actual marco regulatorio y al proyecto que se está tratando en el Senado.
La lenta tramitación en el Congreso contrasta con el progreso brasileño, donde el gobierno de Lula ha establecido metas de reducción de emisiones para la aviación nacional a partir de 2027.
Este contraste con Brasil se ha convertido en una de las principales argumentaciones del sector aceitero. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha reglamentado el Programa Nacional de Combustible Sustentable de Aviación (ProBioQAV), que forma parte de la llamada Ley del Combustible del Futuro.
Este programa establece un marco regulatorio para la producción, certificación, comercialización y uso del combustible sostenible de aviación (SAF). Además, plantea objetivos graduales de reducción de emisiones para la aviación brasileña a partir de 2027, buscando alcanzar una reducción del 10% para 2037.
Brasil también proyecta una capacidad anual de producción de aproximadamente 2.100 millones de litros de SAF para 2030, consolidando así al país como líder regional en combustibles sostenibles.
Para CIARA-CEC, el ejemplo brasileño muestra que la transición energética puede fungir como una herramienta para desarrollar el potencial productivo y agregar valor a las cadenas agroindustriales.
El sector sostiene que el debate sobre biocombustibles no debe limitarse únicamente al ámbito energético. Así, argumentan que una política que favorezca el uso de estos combustibles podría generar una demanda adicional para las materias primas agrícolas y robustecer el tejido industrial argentino.
El objetivo, según CIARA-CEC, es avanzar hacia un sistema que integre una mayor producción, competencia e inversiones, con regulaciones que faciliten el desarrollo de bioenergías a partir de materias primas agrícolas nacionales.
“Es el momento de sancionar una Ley en Argentina que genere futuro”, expresó Idígoras, dirigiendo un mensaje al Congreso para acelerar el tratamiento de la reforma.
El debate legislativo se produce en un contexto en el que diversas iniciativas se encuentran en marcha en el Senado para modificar el actual régimen de biocombustibles. Una de las propuestas, promovida por el oficialismo, plantea aumentar los cortes obligatorios, dirigirse hacia un modelo más desregulado y establecer un periodo de transición que se extienda hasta 2031.
Para la industria aceitera, la falta de acción tiene un costo: mientras Brasil diversifica los usos de los biocombustibles y se prepara para nuevas inversiones, Argentina se enfrenta al riesgo de perder oportunidades para agregar valor a su producción agroindustrial.










