Sin embargo, para Kicillof y su equipo, el diseño de una política exterior para fortalecer su candidatura a la Casa Rosada en 2027 ya no implica la adaptación del modelo kirchnerista, que emergió junto al chavismo en Venezuela y tuvo su punto culminante durante la segunda presidencia de Cristina Kirchner. La reciente caída de Nicolás Maduro, el 3 de enero, ha modificado el mapa de poder en la región desde la perspectiva del axelismo.
En este nuevo contexto, Lula se convierte en un referente clave para Kicillof. Por esta razón, el gobernador mantiene un “contacto directo” con el presidente brasileño y con representantes destacados del Partido de los Trabajadores (PT). En abril, ambos líderes se reunieron en Barcelona durante la Movilización Global Progresista, un evento organizado por el presidente español, Pedro Sánchez.
Lula, sin embargo, no concentra únicamente su apoyo en Kicillof. También ha cultivado un vínculo político y personal con Cristina Kirchner, a quien visitó el año pasado en su domicilio, y ha respaldado la designación de un abogado cercano al PT para representarla en cortes internacionales. Además, equipos del presidente brasileño asesoran a Sergio Massa, según ha trascendido.
La relación de Lula con los líderes peronistas contrasta con el respaldo que Milei ofrece a los Bolsonaro —Jair y Flavio, padre encarcelado e hijo candidato— para las elecciones del 4 de octubre. La visita del presidente brasileño a San Pablo este fin de semana deja claro este matiz político. Una eventual victoria de los Bolsonaro sería beneficiosa para Milei, pero preocupante para el peronismo.
“Milei hace lo que le pide Trump en América Latina. No es que tenga vocación de liderazgo; sigue instrucciones”, comentaron fuentes cercanas a Kicillof sobre la presencia del líder de La Libertad Avanza en Brasil. “Nos han dicho que hace dos meses había preocupación por las encuestas, pero recientemente han mostrado más optimismo”, añadieron. La comunidad axelista ve con buenos ojos la continuidad de Lula en el poder.
Kicillof ha decidido participar en foros progresistas como parte de su estrategia electoral. El próximo 21 de agosto, viajará a Montevideo para disertar en el Tercer Congreso Panamericano, donde estarán presentes el presidente del Uruguay, Yamandú Orsi; la ex candidata chilena Jeannette Jara, junto a legisladores de Estados Unidos y de la región.
Estos encuentros representan una defensa frente a la “avanzada de Trump” en la región, un fenómeno que se observa paralelo a “la retirada de Estados Unidos del mundo”, según afirman sus allegados. Muestran, además, cautela ante las victorias recientes de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú, celebradas también por Milei. En contraste con Trump, el axelismo no se opone a ver a China como una “potencia en crecimiento” en el continente.
En este contexto, Kicillof busca establecer un nuevo enfoque hacia presidentes que no comparten sus posiciones ideológicas. “No se puede abordar a (Antonio) Kast en Chile y hablar de la Patria Grande”, señalaron en La Plata, donde se elabora un plan para implementar en caso de acceder a la presidencia. Desde allí se razona que es necesario centrarse en temas concretos, priorizando el fortalecimiento del intercambio comercial.
Para Kicillof y sus asesores en políticas internacionales, entre ellos su ministro de Gobierno, Carlos Bianco, existen organismos que ya no reflejan la realidad regional, como la desactivada Unasur y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Tampoco creen en la efectividad del Parlasur. En este marco, se comienza a perfilar una “nueva canción” en el axelismo.
“Nosotros partimos de la postura histórica del peronismo, que es la tercera posición”, remarcó un allegado al gobernador. Aun así, la reticencia del axelismo hacia Washington, sumada a los múltiples vínculos con dirigentes del Partido Comunista chino y empresas chinas, posicionan el proyecto de Kicillof en una proximidad hacia Pekín. Este rumbo ya fue marcado por Lula en la región.










