El posteo de Infantino se convirtió en un impulso para Santa Rosa, el club de la Liga Quebradeña, que, tras volverse centenario en 2024, llegó a ser viral en redes sociales. Por primera vez, la atención se centraba en el celeste y blanco en lugar de los siete colores que identifican a la región. Los hinchas del clásico rival, Terry de Tilcara, seguramente ringieron de envidia. Desde entonces, la cancha recibió mejoras, como un alambrado perimetral y, más recientemente, luces LED donadas por un club destacado. La instalación de estas luces requirió un trabajo extenso en el terreno, justo antes de la final de la Liga Regional, que otorga una plaza para el torneo Amateur Federal B.
La estructura del fútbol argentino se apoya en clubes como el de Santa Rosa. En el país hay más canchas de fútbol que parroquias católicas, y la red de clubes es tan extensa que podría considerarse un tejido utópico para cualquier organización política. Desde 2021, La Quebradeña es la liga número 226 reconocida por el Consejo Federal, y junto a otras cinco ligas, conforma la estructura del fútbol en Jujuy, organizando competencias para 14 clubes en los departamentos de Humahuaca, Tilcara, Tumbaya y Valle Grande. Santa Rosa fue derrotada en la final por Juventus de Humahuaca, que avanzó en sus aspiraciones y se unió a los 246 clubes de las 332 ligas distribuidas en 8 regiones del país que buscan uno de los cuatro ascensos al Federal A. Este será el último torneo, ya que a partir de 2027 se implementará un nuevo formato.
Sin embargo, el fútbol sigue vivo en la cancha que captó la atención de Infantino. En Purmamarca, se celebran las festividades en honor a su patrona, Santa Rosa de Lima, que también da nombre al club. Sicuris recorren las calles desde la iglesia, construida en 1648, hasta la terminal, donde se instalan un palco y locutores. Tras concluir el campeonato local, es el turno de los equipos que representan distintos espacios, que se podrían asimilar a barrios en un contexto urbano. Santa Rosa juega para preservar su honor barrial, con un equipo que mezcla la juventud y la experiencia, pero, sobre todo, jugadores con el deseo genuino de jugar al fútbol en un ambiente como el de Santa Rosa. En la fiesta, participan también Punta Corral, Atlético Tumbaya, y un combinado de tres pueblos originarios que conforma el equipo Cipaqui Quiquirí. Aunque el terreno es firme y ha sido apisonado, las huellas de los tractores son visibles. La línea de cal, trazada con pulso y dedicación, delimita el campo de juego.
Desde el banderín de córner, el canchero ha dejado su sello en el campo, que se extiende 65 metros detrás del arco hacia el cerro. Desde ahí, se suman otros 85 metros más hasta el arco opuesto, donde se encuentran las mejores vistas para los espectadores. A pesar de las condiciones climáticas, la sombra es un refugio valorado por los espectadores. Los jugadores, impulsados por el deseo de convertir sus ilusiones en realidad, intentan escalar en sus carreras futbolísticas. Los nativos cuentan historias de un jugador local que dejó una huella imborrable en esa cancha. Sin embargo, el horizonte competitivo de los futbolistas de la liga regional sigue limitado a lo provincial, lo mismo que para los árbitros. Aún así, si demuestran buen desempeño, pueden aspirar al Federal y, potencialmente, al fútbol profesional. Por cada partido, sin asistentes, los árbitros pueden ganar alrededor de 30 mil pesos.
El suelo de la cancha es árido y pedregoso, y la tierra fina vuela con el viento, a veces amortiguando el paso del balón. En Purmamarca, la tormenta de Santa Rosa se traduce en viento, que lanza polvo a todos lados. Cuando el viento cesa, el paisaje parece sobrecogedor: un cuadro vivo de la localidad y un partido de fútbol. En ese momento, se enfrentan Punta Corral y Atlético Tumbaya. Los jugadores, que han entrenado sus cuerpos para adaptarse a la altitud de 2.300 metros, despliegan una rica variedad de estilos. A pesar de las diferencias en edad y condición física, la clave de su rendimiento es la capacidad aeróbica. Sin cambios permitidos, el juego fluye de manera ágil. Un delantero de Tumbaya muestra una técnica similar a la de un famoso futbolista, aunque su entrega no logra concretar un pase exitoso.
El partido avanza con un arbitraje tranquilo, sin conflictos ni simulaciones. Cuando el marcador llegó a 3-0, la situación se complicó para Tumbaya, que se quedó con diez jugadores tras una convulsión de uno de sus integrantes, quien fue atendido por sus compañeros y, tras recuperarse, reingresó al juego. Finalmente, después del cuarto gol, Punta Corral mantuvo el control para sellar la victoria.
El segundo partido se adelanta, y la situación se torna complicada para el Inter de Tumbaya, que aún no cuenta con los once jugadores requeridos. En ese momento, Santa Rosa, con un uniforme que evoca los cerros, se impone en el terreno. Con solo siete jugadores del equipo rival, el árbitro inicia las acciones. Santa Rosa aprovecha su ventaja y anota un par de goles, aunque el rival logra marcar un tanto importante. A medida que avanza el encuentro, Tumbaya logra sumar un par de jugadores, pero no logra evitar la derrota por 3-1.
Finalmente, la jornada concluye con un tercer partido que cierra los festejos. Los turistas buscan un lugar para merendar mientras los restaurantes comienzan a llenar sus mesas con música tradicional. Los que se dirigen a Tumbaya, Volcán y zonas aledañas esperan en la terminal por sus micros. En medio del bullicio, un comentario rompe el silencio: “Eh, como te vas a errar ese gol, culiado”, dice un transeúnte. La reacción del aludido es una sonrisa, pero su mirada permanece fija en el suelo. Al final, la esencia del fútbol es la misma en todas partes, ya sea en la construcción de grandes estadios, en la Bombonera o al pie del cerro de los siete colores.










