El bando de Calvici contaba con aproximadamente 20 seguidores, algunos vinculados a barras del Ascenso, mientras que su facción se sostenía, en gran medida, por apoyo de grupos ubicados en el Oeste, así como de localidades como Moreno, Merlo y General Rodríguez. Estos últimos habían seguido a Martín Saviolita Núñez hasta su asesinato durante la pandemia, y luego se unieron a los Patovicas para equilibrar el poder con la facción mayoritaria dirigida por Mauro y Leandro Ferreras, quienes tienen un respaldo de 300 hombres y conexiones estrechas con el ámbito político y de seguridad.
Otros dos personajes clave en el entorno de Calvici eran Hernán Taboada y Alejandro el Zapatero Flores. Sin embargo, ambos fueron removidos del grupo mediante diversas maniobras; el primero tenía un contacto directo con la comisión directiva y el segundo mantenía comunicación con la Policía. Tanto los Ferreras como Calvici aspiraban a controlar toda la estructura, llevando a cabo estrategias para desestabilizar a sus competidores, incluso acusándolos de apropiarse de fondos de las entradas, un hecho que después se demostró como infundado.
Así, la barra se transformó en una entidad segmentada, con los Ferreras dominando en términos de influencia y recursos. Pese a su intención de salir del derecho de admisión, ambos bandos fracasaron en su objetivo. En los últimos meses, el grupo de Calvici comenzó a presionar a su líder para recuperar fuerzas y equilibrar el poder perdido hacia Beccar, sugiriendo que colocara como segundo a Santiago Riveros, un antiguo miembro con arraigo en el sindicato de vigiladores privados. Aunque Calvici aparentaba aceptación hacia la propuesta, en la práctica no se hicieron cambios, provocando frustración entre sus allegados. En particular, tras dos encuentros en condición de visitante, le comunicaron que ya no responderían a su liderazgo, dándole una opción para irse de manera pacífica o enfrentar consecuencias adversas. Al evaluar sus posibilidades, Calvici se dio cuenta de que no contaba con el respaldo necesario para contrarrestar a sus opositores y decidió no presentarse en la reunión pautada frente a Racing.
Su falta de apoyo tanto del bando de los Ferreras como de la dirigencia fue evidente. Desde la facción dominante afirmaron que Calvici había expuesto su deseo de retirarse para dedicarse a ser padre, manteniéndose al margen de la política interna, enfatizando que la autoridad reside en Beccar y que no intervendrían en los conflictos del grupo rival. Con respecto a la dirigencia, su relación se deterioró tras su detención en 2014 tras el ataque a Caverna Godoy en el club y sus declaraciones en la Justicia sobre la conexión entre la barra, la Policía y las autoridades del club. Así, se aceptó su presencia en la tribuna, pero no su papel como intermediario institucional.
Es pertinente recordar que Calvici se integró a Los Borrachos en la década de 2000, durante la época de Alan Schlenker y Adrián Rousseau. Considerado un heredero de La Banda del Yogurth, se ganó su lugar en la barra por su imponente presencia física. Al dividirse la lealtad entre Rousseau y Schlenker, Calvici se alineó con la facción del club y, a lo largo de los años, buscó convertirse en el líder absoluto, aunque sus planes se vieron frustrados al no tener en cuenta el respaldo de la dirigencia y ser excluido del Monumental. A raíz de un episodio violento relacionado con el clásico contra Boca en 2014, fue condenado a dos años y medio de prisión, aunque fue liberado a los 15 meses. Tras su regreso, intentó reestructurar alianzas con los Ferreras, Taboada y Flores, pero su ambición quedó reprimida. Nunca logró salir del derecho de admisión y, al optar por conceder beneficios insostenibles para su gente, su historia dentro de la barra culminó inesperadamente: destituido y fuera del Monumental.









