La propuesta, que requiere la aprobación legislativa, incluye un crédito de 1.200 millones de dólares para la adquisición de “dos fragatas multimisión” y otro de 2.300 millones para la compra de “tres submarinos convencionales”, con un mínimo de tres años para su amortización.
Los submarinos están destinados a la base naval de Mar del Plata, mientras que las fragatas se ubicarían en la base de Puerto Belgrano, situadas a 400 y 600 kilómetros de Buenos Aires, respectivamente.
La flota de submarinos de la Argentina ha disminuido en las últimas décadas, un deterioro que se acentuó con el hundimiento del ARA San Juan en noviembre de 2017, el cual implosionó mientras navegaba bajo el agua frente a las costas de Chubut, llevando a bordo a 44 tripulantes.
La incorporación de las fragatas fortalecería la capacidad de la Marina en superficie, que actualmente cuenta con solo tres destructores clase Meko 360, seis corbetas clase Meko 140 y tres patrulleros oceánicos clase Gowind 90.
Argentina recibió en diciembre de 2025 los primeros seis de 24 aviones caza F-16 provenientes de Dinamarca, y el 10 de septiembre pasado, Estados Unidos aprobó la venta de cuatro helicópteros militares Blackhawk al país.
Además, en agosto de este año, se firmó un acuerdo para la adquisición de 235 vehículos blindados Stryker.
El presidente Javier Milei anunció el 3 de septiembre la reactivación del proyecto para construir una base naval integrada en Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, a 2.300 kilómetros de la capital y a 700 de las Malvinas, cuya soberanía es reclamada por Argentina desde la ocupación británica en 1833.
La nueva base “incorporará funciones logísticas relevantes y será un punto estratégico para la proyección argentina hacia el Atlántico sur, permitiendo vigilar y resguardar nuestros recursos naturales y soberanía”, afirmó un portavoz del Gobierno en una conferencia de prensa.
El ministro de Defensa, Carlos Presti, comentó en una entrevista radial que “nuestra alianza con Estados Unidos y ser referentes en América para ellos nos posiciona adecuadamente para buscar la integridad territorial de nuestro país”. Resaltó que Argentina mantendrá su reclamo de manera diplomática y pacífica, teniendo en cuenta las recientes declaraciones de autoridades estadounidenses sobre su disposición a mediar para evitar conflictos.
Si bien el proyecto no especifica el proveedor, se inclina favorablemente hacia la compañía francesa Naval Group, dejando de lado la oferta de la alemana ThyssenKrupp. La propuesta estaría orientada a submarinos de la clase Scorpène, sobre los cuales ya se habían realizado conversaciones exploratorias en la administración anterior.
La viabilidad de esta opción dependería en gran medida del esquema de financiamiento, que podría contar con garantías de crédito a la exportación del Estado francés, un aspecto crucial para facilitar el pago de las unidades.
De concretarse, la Armada Argentina incorporaría submarinos diésel-eléctricos, diseñados específicamente para tareas de vigilancia, inteligencia y protección de los espacios marítimos.
Este modelo ha sido utilizado en la región, ya que Brasil adquirió submarinos similares para modernizar su flota. La oferta incluiría no solo los cascos, sino también un paquete integral que cubriría mantenimiento, sistemas electrónicos y entrenamiento para las tripulaciones locales.
Desde un enfoque táctico, los submarinos tendrían la opción de ser equipados con armamento de última generación proporcionado por el fabricante europeo, incluyendo el torpedo ligero MU90 y el torpedo pesado F21, diseñado para escenarios marítimos complejos.
En términos defensivos, las embarcaciones integrarían el sistema de contramedidas SINGER, que utiliza señuelos acústicos para confundir y agotar los torpedos enemigos antes de su impacto.










