“Si vuelve, no es para convertirse en una jugadora del montón; eso no se ajusta a su personalidad. Es Serena, ya ha logrado cosas increíbles en el pasado y nada es imposible para ella”, comentó Patrick Mouratoglou, su entrenador durante diez años de pleno éxito entre 2012 y 2022. Por su parte, el extenista británico Greg Rusedski, actualmente un agudo analista del circuito, expresó un mayor escepticismo: “Parece que está en buena forma, pero la verdadera prueba será cuando juegue su primer partido. ¿Cómo estará? ¿Se imaginan si se enfrenta a Aryna Sabalenka?”. El ex número 1 del mundo, Andy Roddick, reflexionó sobre el único regreso en Wimbledon, afirmando: “Después de no haber competido en individuales durante mucho tiempo, ella pudo haber pensado: ‘Creo que mi regreso será en Wimbledon…’. Imagínense en su mente, pensando: ‘Soy lo suficientemente buena, podré hacerlo'”. Roddick agregó que, en su lugar, él habría participado en torneos más pequeños como preparación, bromeando que hubiera empezado jugando en un parque público. Aun así, planteó que, si Sabalenka se ve bajo presión en su partido contra Williams, podría ser un factor decisivo para el desarrollo del juego.
Sin un ranking mundial debido a su prolongada ausencia, Williams se presenta como una incógnita suelta entre las competidoras, ya que al no estar preclasificada, su debut podría ser contra la misma número 1 del mundo.
Desde temprana edad, las hermanas Williams, Venus y Serena, se han formado para ser campeonas, un objetivo que lograron a través de su extraordinaria fortaleza física, especialmente en el caso de Serena, al romper con los esquemas tradicionales del tenis profesional. Venus ha logrado siete títulos de Grand Slam, mientras que Serena se retiró con 23 trofeos, algunos de los cuales fueron influenciados por la maternidad, las lesiones y el paso del tiempo, lo que frenó su búsqueda por alcanzar a Court.
Con cuatro medallas de oro olímpicas (un oro en individuales y tres en dobles) y cinco títulos del Masters, Williams ha acumulado un total de 73 victorias y 858 triunfos de 1.014 partidos disputados, con un porcentaje de éxito cercano al 85 por ciento. Sin embargo, ha decidido priorizar su vida familiar junto a su esposo Alexis Ohanian y sus dos hijas, Olympia y Adira River.
El interrogante persiste: ¿cuál es el verdadero motivo de su regreso? Muchos creen que se trata de una estrategia de marketing y mediática, dado que siempre ha estado en el centro de atención. Sin embargo, es evidente que a su edad se le hace complicado mantener el mismo nivel de movilidad que en sus años de gloria y que la potencia de sus golpes, tan característicos de su estilo, ha disminuido. En sus partidos de dobles recientes, le costó desplazarse, confirmando que el tiempo ha hecho mella en su rendimiento físico. Compararla con Novak Djokovic, quien a sus 39 años aún es competitivo, no resulta justo, pues los hombres tienden a mantener un mejor nivel de movimiento en comparación a sus contrapartes femeninas.
En junio, el foco mediático se centró más en su retorno que en los éxitos de nuevas jugadoras como Mirra Andreeva, quien sorprendió en Roland Garros, y los altibajos de figuras como Sabalenka e Iga Swiatek. La presencia de Williams promete despertar un mayor interés y aumentar la audiencia en un circuito de la WTA que atraviesa un momento delicado, ya que, más allá de la carismática Sabalenka, pocas tenistas generan tanta expectativa como ella.
Sin embargo, queda claro que la jugadora dominante de antaño, la que deslumbraba con su poder y precisión, ya no volverá. Este regreso nos permitirá asistir al desempeño de una de las mayores leyendas en la historia del deporte, brindando una mezcla de nostalgia y admiración hacia una de las mejores tenistas de todos los tiempos. Eso, por sí mismo, será suficiente.










