Esto ha dado lugar a un marco económico diverso. Mientras que los sectores de energía, minería y agroindustria experimentan un notable aumento en sus exportaciones, muchas industrias manufactureras lidian con una creciente competencia internacional, lo que les impone costos que dificultan la conservación de la producción, la inversión y, por ende, el empleo.
Aunque el Gobierno se acerca a la conmemoración del patrono del trabajo con cifras de desempleo alarmantes, comienza a salir del ciclo de restricciones que afectaron su progreso durante décadas.
Desde distintas cámaras industriales reconocen que la estabilización económica era fundamental, sin embargo, advierten que la competencia internacional ha aumentado, al tiempo que persisten problemas como la presión tributaria, altos costos financieros, deficiencias logísticas y falta de infraestructura.
Cálculos realizados por Invecq indican que, desde noviembre de 2023, el número de empleos privados registrados ha disminuido en 235.000. En particular, la industria manufacturera reportó 83.000 empleos menos, la construcción 61.000, y el comercio alrededor de 9.300.
A su vez, los salarios en el sector privado mostraron una caída real del 3,6% en comparación con noviembre de 2023, lo que equivale a una reducción similar a la pérdida de un salario completo en términos acumulados.
Esta disminución en la masa salarial tiene un impacto directo en el consumo. En junio, la Cámara Argentina de Comercio reportó una baja interanual del 1% y una caída mensual desestacionalizada del 1,6%, mientras que el crédito a los hogares perdió impulso tras haber sido un motor principal de la demanda.
Representantes de la industria metalúrgica reconocen los progresos a nivel macroeconómico, pero señalan que la apertura del mercado se produjo antes de que se lograra reducir el costo local de producción.
Durante los doce meses cerrados en abril de 2026, la Cámara Metalúrgica de Córdoba (CIMCC) reportó una pérdida de 1.354 empleos en la industria, lo que representa una caída del 3,5%. Además, el 40,3% de las empresas indicaron una disminución en la producción y el 55,5% experimentaron una reducción en su rentabilidad.
La situación se caracteriza por una demanda débil y una feroz competencia con fabricantes internacionales que cuentan con un financiamiento más accesible y, en muchos casos, un respaldo gubernamental.
La encuesta del Observatorio de la Actividad Metalúrgica de Córdoba revela una discrepancia entre la percepción de la gestión macroeconómica y la política industrial. Mientras que el 47,2% de los encuestados evaluó positivamente la gestión económica nacional, únicamente el 19,4% consideró favorablemente la política industrial, y el 26,4% la calificó de mala o muy mala.
Los empresarios coinciden en que la reducción de la inflación y la previsibilidad cambiaria son esenciales, pero insuficientes si continúan existiendo impuestos distorsivos, dificultades en el acceso al crédito y obstáculos logísticos.
Los factores críticos para mejorar la competitividad incluyen la infraestructura energética y el acceso al financiamiento (67%), las cargas tributarias y la competencia internacional (66%), así como la infraestructura vial (61%).
El sector autopartista enfrenta retos adicionales. La problemática ya no se limita a la competencia con Brasil, sino que también incluye a proveedores asiáticos que penetran en el mercado regional.
En el primer semestre, el déficit comercial del sector se redujo un 17,3%, alcanzando los 3.928 millones de dólares, lo que representa una mejora de 822 millones respecto a 2025. Sin embargo, este descenso no se debió a un aumento en la producción local, sino a una reducción del 15,9% en las importaciones debido a una caída del 18,3% en la producción automotriz, mientras que las exportaciones de autopartes se contrajeron un 5,9%.
Además, la composición de las importaciones ha cambiado. Brasil sigue siendo el principal proveedor, aunque su participación en el mercado argentino se redujo al 28,1% tras una baja del 24,1% en sus exportaciones hacia el país. En contraposición, Tailandia y China representan juntas casi un tercio de las importaciones.
La preocupación entre los fabricantes de componentes para la industria automotriz también abarca al ámbito regional. En el primer semestre, las importaciones brasileñas de autopartes argentinas cayeron un 10%, mientras que las de origen chino aumentaron un 25%. Las empresas locales ya no sólo compiten con Brasil, sino también con fabricantes asiáticos que se están posicionando en su principal mercado de exportación.
El sector textil se encuentra en una crisis profunda, evidenciada por una disminución en la producción, menor utilización de la capacidad instalada, cierres de empresas y un reemplazo creciente de la producción local por productos importados ya elaborados.
Según la Federación de la Industria Textil Argentina (FITA), en mayo la producción se contrajo un 25,6% en términos interanuales, diez veces más que el promedio de la industria. La contracción acumulada entre enero y mayo fue del 26,5%, en contraste con una caída del 3,1% en otras áreas industriales. La producción de hilados de algodón descendió un 35,3% y la de tejidos y procesos de acabado casi un 39%.
Las fábricas operan al 42,2% de su capacidad. En abril, había 3.626 empresas textiles y de confección activas, unas 330 menos que un año antes. Desde diciembre de 2023, se han cerrado 383 establecimientos, lo que provocó la pérdida de más de 25.600 empleos registrados en el sector.
La inversión también se ha estancado. Durante el primer semestre, las importaciones de maquinaria textil se ubicaron en 60,2 millones de dólares, marcando una disminución del 28% en comparación interanual; en el caso de los telares planos, dicha caída llegó al 75%.
Un dato relevante surge de la composición de las importaciones: mientras que las compras de fibras, hilados, tejidos e insumos se redujeron, las importaciones de prendas terminadas aumentaron un 65% en volumen y un 38% en dólares. Asimismo, las confecciones incrementaron su volumen en un 38%.
Este escenario de apertura no ha potenciado la disponibilidad de insumos para producir en el país, sino que ha facilitado la llegada de bienes listos para el consumo. Este fenómeno podría explicar por qué la indumentaria ha sido uno de los sectores con menor aumento dentro del Índice de Precios al Consumidor. Para el consumidor, ello implica mayor oferta y precios más accesibles; en contraste, para la industria, se traduce en mayor capacidad ociosa, menor inversión y una reducción de empleos.
La paradoja se vuelve más evidente en el sector que podría considerarse un gran beneficiario del nuevo ciclo propiciado por el Gobierno. Aunque se espera que la energía y la minería transformen la generación de divisas, desde el Grupo Argentino de Proveedores Petroleros (GAPP) advierten de la existencia de una situación precaria.
Este grupo, que aglutina a más de 280 empresas del sector Oil & Gas, así como de minería, generación eléctrica y petroquímica, ve en Vaca Muerta y en los proyectos mineros una oportunidad única para reconfigurar la matriz productiva.
Sin embargo, muchas pequeñas y medianas empresas están atravesando un ‘valle’ de baja actividad, con capacidad ociosa y despidos, a la espera de que las inversiones impacten positivamente en la cadena de proveedores locales.
La desaceleración en otros mercados ha llevado a una reconversión: empresas del sector autopartista, metalúrgico, de maquinaria agrícola y de obras públicas están buscando nuevas oportunidades en energía y minería.
No obstante, los grandes proyectos requieren certificaciones, escalas, estándares técnicos y capacidades financieras que muchas pymes aún no pueden cumplir.
El GAPP resalta que gran parte del equipamiento necesario puede ser producido en el país, aunque también advierte que los beneficios fiscales para las grandes inversiones podrían incentivar la importación de equipos, incluso de segunda mano, en lugar de promover la producción nacional.
De cara a las elecciones presidenciales de 2027, en las que Javier Milei buscará la reelección, la discusión ya no se limita a la dicotomía entre el campo y la industria, ni entre la energía y las fábricas. La cuestión que comienza a surgir entre los distintos actores económicos es si el Gobierno logrará transformar este nuevo ciclo de generación de divisas en un desarrollo productivo sostenible.










