La propuesta captó la atención por su originalidad. En una época en que la mayoría de las búsquedas laborales se realizan a través de correos electrónicos o plataformas digitales, la compañía solicitó a los candidatos que se presentaran de forma presencial. Algunos aspirantes llegaron a esperar hasta seis horas para entregar su documentación. Desde la distribuidora, manifestaron que la cantidad de personas que se acercó fue sorprendente, atribuyendo este fenómeno a la viralización de la publicación en las redes sociales. Aclararon que eligieron este formato para poder conocer a cada postulante de manera directa. La fila de aspirantes se extendía por varias cuadras, ya que buscaban cubrir 40 vacantes.
Esta escena se produce en un contexto marcado por el cierre de empresas y el aumento del desempleo. Muchos de quienes aguardaban en la cola se han quedado sin trabajo en los últimos meses, mientras que otros, aunque tienen empleo, señalan que sus salarios no son suficientes.
Durante la espera, la empresa dispuso cuatro stands de marcas de embutidos, donde personal atendía y ofrecía salamines y empanadas a los postulantes. Entre las historias de quienes acudieron en busca de empleo se destaca la de Andrés, de 24 años, quien llegó desde Monte Grande. Sin trabajo desde junio, había estado cinco meses y 17 días en una empresa de limpieza, su única experiencia laboral formal. “No le renovaron a nadie, echaron a todos casi”, explicó. “Fue el fin del período de prueba y nos despidieron sin explicación alguna”.
Andrés había realizado trabajos temporales y actualmente sobrevive a base de diversas changas. Su interés es retomar sus estudios en desarrollo de software. Reflexionando sobre la convocatoria, señaló: “La veo difícil porque hay mucha gente, pero tengo fe. Es la misma posibilidad para todos”.
Walter, de 44 años y oriundo de Monte Grande, también llegó temprano a la convocatoria. Trabajó durante casi cuatro años en mantenimiento en countries hasta que ese empleo finalizó hace cuatro meses. Ahora se sostiene con trabajos esporádicos y depende de la aportación de su esposa, empleada municipal. Resumió la situación familiar: “Arañando para llegar a fin de mes”.
Claudia, de 45 años, es otra de las postulantes. Residente de Ezeiza desde hace tres décadas, se graduó el año pasado como profesora de economía. Si bien brinda clases a adultos durante el turno noche, busca incrementar sus horas porque el ingreso actual es insuficiente. Para complementar sus ganancias, elabora productos sin tacc y panes integrales en su hogar, ya que pasó muchos años dedicada al cuidado de sus hijos.
Alison Silva, proveniente del barrio 20 de Septiembre en Ezeiza, esperó cerca de cuatro horas en la fila. Actualmente trabaja en un cotillón de Monte Grande durante jornadas de 12 horas, pero “gano menos que el mínimo”, comentó. Busca mejorar su situación laboral y más cerca de su casa, ya que le resulta complicado llegar a fin de mes.
Fabricio Moreno, de 21 años y residente de Tristán Suárez, estaba en la fila desde las 8:10. Tras haber trabajado unos meses en una pizzería el año pasado, dejó ese puesto por problemas laborales. Tras meses de búsqueda sin éxito, se siente con presión por ayudar en su hogar, donde vive con su madre y su hermano. Le restan dos materias para finalizar sus estudios secundarios. Si no consigue el empleo esta vez, tendrá que seguir buscando, según declaró.
Magalí, de 25 años y también de Tristán Suárez, trabajó durante cuatro años como despachante en un local gastronómico de Ezeiza. Hace dos semanas decidió renunciar buscando un cambio que le permita ganar más experiencia. Reside con su pareja y aunque no tiene apuros económicos, sostiene que el trabajo es necesario “porque se saca el país adelante trabajando.”










