Este hallazgo proviene del informe Relaciones y Masculinidades 2026, realizado por Reyes Filadoro y Enter Comunicación, que se basa en una encuesta nacional a jóvenes de entre 18 y 35 años, grupos de discusión y un análisis de conversaciones en redes sociales.
La investigación indica que, a pesar de las transformaciones en las dinámicas entre hombres y mujeres, la expectativa de que el hombre debe ser económicamente estable continúa teniendo un impacto considerable.
La presión relacionada con la economía se presenta junto a otros mandatos tradicionales. Un 41% de los hombres opina que debe ser fuerte y no mostrar debilidad, mientras que el 34% sostiene que un hombre debe ser capaz de resolver sus problemas sin recurrir a ayuda externa.
Los datos delinean así la imagen de un varón que sigue vinculado a cualidades como la fortaleza, la autosuficiencia y la capacidad de mantenerse económicamente.
El estudio sugiere que estas expectativas coexisten con una evolución en la manera de establecer vínculos. Los hombres jóvenes enfrentan nuevas formas de relacionarse, aunque también mantienen ciertas exigencias tradicionales respecto a lo que implica ser un hombre.
La dimensión económica puede, por tanto, convertirse en una fuente de presión al momento de entablar relaciones. Se trata no solo de poseer dinero, sino de sentir que la estabilidad económica define cuánto se puede valer ante una posible pareja.
Además, la investigación revela que el 68% de los hombres se siente confundido sobre lo que se espera de ellos en la actualidad, un dato que pone de manifiesto la tensión entre los modelos tradicionales y las nuevas maneras de entender la masculinidad.
El informe destaca que los cambios culturales no han eliminado las expectativas sobre los hombres, sino que ciertos mandatos parecen coexistir con nuevas exigencias relacionadas con la comunicación, la equidad y la construcción de una pareja.
En este marco, la estabilidad económica sigue considerándose una condición para sentirse valorado, mientras los hombres intentan adaptarse a relaciones donde no basta con desempeñar únicamente el rol tradicional de proveedor.
El estudio plantea así una cuestión fundamental acerca de cuánto han cambiado realmente los modelos de masculinidad y cuánto de esas antiguas expectativas persiste en las relaciones actuales.










