La interrogante sobre cómo un individuo que parecía tener el control del mundo del fútbol pudo desafiar su propia suerte se hace evidente. ¿Se dejó influir por el estilo dominante de su amigo Trump? ¿O fue la invitación de multimillonarios en la tradicional Conferencia de Sun Valley la que lo llevó a embarcarse en un proyecto arriesgado? Se le ofreció un camino hacia ingresos astronómicos, lo que podría haberlo llevado a pensar que su trato con Joshua Kushner, hermano del yerno de Trump, le otorgaría un poder inquebrantable. Siguiendo un plan más centrado en actores ajenos al fútbol que en sus propios colegas, Infantino optó por el mundo de la política, asistiendo a la asunción del nuevo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, alineándose con aliados de la derecha global.
Incluso quienes mejor lo conocen afirman que actuó de forma unilateral. No discutió con sus asesores la idoneidad de vender el 20 por ciento del negocio de los Mundiales por una cifra de 20 mil millones de dólares, a la luz de que la última Copa, que se celebrará en 2026, recaudó cerca de 13 mil millones. Se generaron dudas sobre si dicho movimiento amenazaba la soberanía de la FIFA, especialmente considerando las experiencias recientes en Estados Unidos. Aún con una caja fuerte repleta, algunos se cuestionan por qué no se buscó un apoyo más sólido para su reelección, ofreciendo recursos de la propia FIFA en lugar de los 80 millones anuales que prometía su nuevo socio inversor. Aunque esta suma es significativa para federaciones en apuros, que a menudo reciben apenas un millón y medio por año, muchos perciben un intento de extorsión más que una genuina solidaridad, lo que dificulta la representación de los menos favorecidos al involucrarse con Trump.
Europa se ha erigido como la voz de la oposición, amenazando con acciones legales contra Infantino y su socio. No obstante, la arrogancia histórica de Europa puede resultar contraproducente frente al Tercer Mundo. El canadiense Víctor Montagliani, presidente de la Concacaf, que hace solo dos meses mostró su apoyo a Infantino en Vancouver, ahora podría ser la pieza clave en la alianza que la UEFA necesita para destituir al suizo en las elecciones del próximo 18 de marzo en Rabat. Algunos consideran complicado obtener los 106 votos necesarios, lo que hace que la acción deba ser inmediata. Para abordar la crisis, Infantino convocó a su Consejo a una reunión de emergencia, mientras su soporte electoral más sólido se encuentra en África. Por su parte, la Conmebol también percibe que su participación en el Mundial 2030, que se planea con 64 selecciones, se encuentra en riesgo, dado que necesita de la FIFA para materializar ese sueño. La confederación se ha beneficiado económicamente de que la Copa América se celebre en Estados Unidos, al igual que el Mundial de Clubes 2029, otro proyecto de Infantino que enfrenta amenazas de boicot desde Europa.
Cada movimiento pone a Infantino bajo la lupa, con voces críticas que sostienen que su reemplazo será un continuador de su legado. Esto lo establece así incluso como un tema de discusión en el ámbito ético deportivo, donde se sugiere que la única vía de solución sería abolir la actual FIFA y dar paso a una nueva entidad, tal como lo señala el profesor de ética Thomas Beschoner. Sin esta reestructuración, podría esperarse que en cuatro años se repitan los mismos escándalos. Infantino, a pesar de sus intentos, sigue siendo un paria en su tierra.










