Luego de varios años de sequía, el nuevo ciclo húmedo ofrece perspectivas optimistas para la producción agrícola argentina, aunque también implica un encarecimiento de la cosecha, complicaciones en la siembra, y un aumento en el riesgo de inundaciones y enfermedades en los cultivos.
‘El Niño’, fenómeno asociado al calentamiento del océano Pacífico ecuatorial, traerá un patrón de precipitaciones por encima de lo habitual durante la primavera y el verano.
Para un sector agrícola acostumbrado a medir pérdidas por sequías, este cambio parece favorable. No obstante, los expertos advierten sobre los desafíos que implica el exceso de agua. ‘Pensar en El Niño como sinónimo de abundancia hídrica es un error. Hay que considerar que trae grandes cantidades de agua, la cual no siempre es manejable’, comentó un productor y analista agropecuario.
Además, subrayó que el verdadero peligro radica en la concentración de lluvias en momentos y regiones específicas. Desde junio, ya se han sentido sus efectos en forma de mayores precipitaciones y niveles de humedad que mantienen los suelos altamente saturados. Esta condición favorece el rendimiento potencial de los cultivos, pero también complica las labores de cosecha y siembra.
Actualmente, la recolección de maíz tardío presenta un atraso estimado entre el 18% y el 20% debido a la imposibilidad de acceder con maquinaria a los lotes. Este retraso es un factor que contribuye al aumento de precios del cereal tanto en el mercado interno como en el exterior. ‘La cosecha es un récord, pero aún está en el campo. La pregunta que se plantea ahora es si en agosto se podrá realizar la recolección y si los productores asumirán el costo del secado del grano’, explicó el analista.
El costo de secar el maíz no es menor, dado que se requiere una humedad máxima del 14,5%. Con lotes que actualmente presentan entre 16% y 17% de humedad, los productores enfrentan gastos de entre 10 y 15 dólares por tonelada, que incluyen el secado, movimientos de carga y otros costos relacionados. ‘Entre el secado, los aumentos salariales, impuestos e IVA, el productor podría perder alrededor del 10% del valor del maíz. Surge, entonces, un dilema: vender ahora asumiendo esos costos o esperar a que el cultivo se seque de forma natural, con el riesgo de que un temporal lo dañe’, añadió el experto.
La situación también afecta la campaña de cultivos de invierno. En diversas regiones productoras de trigo, el exceso de humedad complica el acceso de las sembradoras, mientras que el riesgo sanitario en los lotes ya sembrados aumenta. ‘Habrá un incremento en enfermedades fúngicas, especialmente roya. Aunque se esperan buenos rendimientos, será necesario aplicar muchos más fungicidas’, manifestó el analista.
Los problemas podrían extenderse hacia la próxima campaña de cultivos de verano. Si las precipitaciones persisten en primavera, también podrían producirse demoras en la siembra del maíz temprano y la soja.
A pesar de estas complicaciones, un analista de mercados agropecuarios considera que el balance nacional actual sigue siendo favorable. ‘Si revisamos los pronósticos de hace unos meses, se predecía que la ola de calor iba a arruinar la producción, pero terminamos con cosechas récord. El año pasado, las inundaciones en 9 de Julio parecían un desastre nacional, y al final su impacto estuvo limitado a esa región’, recordó.
El especialista destacó la importancia de diferenciar entre los problemas locales y los resultados a nivel nacional. ‘A nivel nacional, es preferible atravesar un ciclo húmedo que uno seco. Esto permite recargar las napas, mejorar las reservas de agua, y al concluir el ciclo, se establece una base mucho más sólida para las próximas campañas’, afirmó.
Aunque se reconocen los riesgos de inundaciones debido a los excesos de agua, se apunta que suelen afectar más a las áreas de menor elevación, incidiendo más en la actividad ganadera que en la agrícola.
La temporada del año también juega un papel favorable. ‘Es mejor que los excesos se produzcan en primavera en lugar de en otoño. En primavera, la evapotranspiración aumenta gracias a las temperaturas más elevadas, las horas de luz y el crecimiento de los cultivos, lo que contribuye a mitigar el exceso de agua’, argumentó.
Por el momento, el escenario climático no modifica las proyecciones sobre el ingreso de divisas del sector agroexportador. Aunque se ha reducido la estimación de ingresos de divisas para 2026 a 34.897 millones de dólares, alrededor de 1.200 millones menos que lo previsto previamente debido a la caída de precios internacionales, no se anticipan cambios significativos por parte de ‘El Niño’. ‘No espero un impacto notable en la liquidación de exportaciones. Si la situación en el Mar Negro se agrava, podríamos observar un mercado internacional más alcista para los granos que compensaría eventuales pérdidas productivas’, afirmó el analista.
De cara al segundo semestre, agosto no solo será crucial para los productores; también lo será para el equipo económico. La decisión de cosechar, secar o esperar a que las condiciones climáticas mejoren puede afectar el ritmo de comercialización del maíz y, a su vez, el ingreso de divisas, un aspecto de vital importancia para el Banco Central y su programa económico.
Los especialistas no prevén, en este momento, un deterioro en la producción nacional, pero advierten que la situación climática puede alterar el timing de ventas y liquidaciones de exportaciones. Este factor es fundamental para el Gobierno en un semestre donde cada ingreso de divisas es esencial para mantener el equilibrio cambiario.
Mientras los productores ajustan sus estrategias ante un panorama de mayor humedad, los expertos enfatizan la necesidad de una planificación cuidadosa. En un informe reciente, un banco internacional analizó el impacto de ‘El Niño’ en las economías emergentes y concluyó que este fenómeno no debe ser tratado como un shock similar a una crisis petrolera, dado que sus efectos serán graduales y regionales, además de ser en general manejables.
El banco estima que el impacto climático más significativo ocurrirá entre septiembre de 2026 y enero de 2027 y destaca que no tendrá el mismo efecto en todas las regiones. Argentina, Uruguay y el sur de Brasil podrían experimentar lluvias superiores a lo habitual, mientras que otras áreas de Sudamérica, así como Estados Unidos, Australia, Asia y África, enfrentarían mayores riesgos de sequía.
Dentro de este contexto, la entidad posiciona a Argentina entre los países con mejores proyecciones, junto a Chile, Uruguay, Paraguay y México, al considerar que una mejora en las precipitaciones podría traducirse en mayores rendimientos de soja, maíz y trigo, fortaleciendo así las exportaciones agroindustriales y elevando el ingreso de divisas.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria subraya que el desafío no radica en evitar ‘El Niño’, sino en adaptarse a sus efectos según las particularidades de cada región y ambiente productivo. En este sentido, un experto del organismo recordó que las experiencias de los eventos de 1997/98, 2009/10 y 2015/16 demuestran que ‘la diferencia entre sufrir daños y pérdidas o capitalizar oportunidades depende de tomar decisiones preventivas y planificar con antelación’.
Las recomendaciones varían según el relieve de cada región: en áreas bajas y deprimidas, se sugiere evitar siembras en terrenos anegables, monitorear el nivel de las napas, asegurar el drenaje y prever el traslado de ganado. En zonas de media loma, se recomienda aprovechar la disponibilidad de agua seleccionando cultivos y fechas de siembra que reduzcan el riesgo de encharcamientos prolongados. Para los terrenos altos y bien drenados, donde el potencial productivo es mayor, se aconseja concentrar esfuerzos en maximizar los rendimientos agrícolas y ganaderos.










