Con un salario anual de 6 millones de dólares, jet privado proveniente de Qatar, una agenda repleta de encuentros con líderes mundiales y más de cuatro millones de seguidores en Instagram, Infantino, hijo de inmigrantes italianos que se sintió discriminado durante su infancia en Suiza, confirma su nuevo proyecto denominado FIFA Forward Enterprises (FFE). Esta iniciativa es una asociación entre la FIFA y el fondo de inversión Thrive Capital, dirigido por Joshua Kushner, hermano del yerno de Trump, con la colaboración, entre otros, de JP Morgan. El proyecto deberá ser aprobado por las 211 federaciones asociadas a la FIFA, a las cuales Infantino promete 80 millones de dólares para cada una en la próxima década, tres veces la cantidad actual. Asimismo, requerirá la aprobación del Consejo de la FIFA, compuesto por 37 miembros. El respaldo financiero de Arabia Saudita, que albergará el Mundial de 2034, junto al apoyo político estadounidense, beneficia a Infantino, quien también cuenta con un fuerte respaldo del Tercer Mundo. Del otro lado, la antigua Europa, dividida, expresa que Infantino no es el propietario del fútbol y que no tiene derecho a venderlo, sugiriendo una posible separación. “Imposible que suceda”, como dicen muchos, aunque el entorno parece volverse cada vez más extraño.
“Quiero ser el presidente de todos vosotros”, declaró Infantino en 2016 al asumir la presidencia de la FIFA, prometiendo “democracia y transparencia” tras el escándalo de corrupción conocido como FIFAGate, que provocó la caída de Sepp Blatter y Michel Platini. La trayectoria de Infantino ha sido bastante fluida, siendo reelegido sin necesidad de votación en 2019 y nuevamente en 2023 en Kigali, Ruanda, donde afirmó haber multiplicado por siete los ingresos de cada federación. Dijo que por ello debería ser votado indefinidamente, al igual que Paul Kagame, el exmilitar que ha sido presidente de Ruanda durante cuatro mandatos consecutivos, con el 99 por ciento de los votos en su última reelección. Infantino celebró este año su décimo aniversario en el cargo con el logotipo “Infantino 10”. Diego seguramente lo entendería.
Infantino, de 56 años, que habla siete idiomas y es padre de cuatro hijos, se perfila para una nueva reelección en 2027 y asumiría también la presidencia de FFE en el nuevo esquema. Según informaciones, su salario anual podría aumentar diez veces hasta alcanzar los 64 millones de dólares, al nivel de Roger Goodell, el comisionado de la National Football League (NFL), que controla una liga de franquicias bajo un modelo estadounidense. ¿Es este el futuro del fútbol? La FIFA ha destacado que este nuevo proyecto (que sigue un modelo ya adoptado por ligas nacionales de España y Francia, así como otros deportes) no implicará una cesión de su rol como organizadora de competiciones, incluida la Copa del Mundo. Sin embargo, el reciente Mundial en Estados Unidos, con visados selectivos, tiempos de pausa y presiones políticas, no parece ser el mejor inicio para esta nueva etapa.
El domingo pasado, tras una semana posterior al Mundial repleta de rumores que cuestionaban la final España-Argentina, Infantino utilizó su cuenta de Instagram para dirigirse a quienes se perdieron la celebración del fútbol. “A aquellos que, detrás de sus plumines y pantallas, esparcen odio y rumores falsos, quiero decirles que, mientras ustedes permanecen sentados, nosotros en la FIFA estamos en primera línea organizando, trabajando arduamente y ofreciendo el mejor espectáculo del mundo”. Fueron días marcados como “El algoritmo del odio”, título de un artículo de Irina Sternik que abordó la proliferación de noticias falsas alimentadas por las redes sociales. La coalición entre la red social de Elon Musk (Twitter, ahora X) y el sistema de Infantino (los Mundiales) se hace más evidente, mientras surgen nuevos aficionados dispuestos a pagar entre mil y diez mil dólares por entradas. Se especula que bufetes estadounidenses buscan demandar a la FIFA por una final que, según sostienen, fue una “defraudación”. Los nuevos aficionados parecen ignorar que el verdadero fútbol, por desgracia, a menudo condena a los hinchas tradicionales a enfrentar la defraudación cotidiana. Se presenta un panorama de total incertidumbre, carente de garantías al estilo de Wall Street, que parece no ser solicitado.










