A pesar de haber ajustado sus proyecciones a largo plazo tras los resultados del segundo trimestre, la firma mantiene su recomendación de sobreponderar las acciones y estima que estas podrían incrementarse alrededor de un 75%.
En un informe fechado el 29 de septiembre, el banco establece un precio objetivo de 23 dólares para las acciones de BBVA, lo que implica un potencial de aumento del 74,9%. Sin embargo, ha revisado a la baja este objetivo desde los 25 dólares anteriores y también su pronóstico más optimista, que pasó de 32 a 29 dólares.
La evaluación no se limita al banco en cuestión; Morgan Stanley destaca que una normalización sostenida de la economía argentina podría favorecer una significativa recuperación en la intermediación financiera, tras años de baja penetración del crédito.
“Si el giro macroeconómico tiene poder de permanencia”, se indica en el informe, Argentina podría convertirse en uno de los mercados bancarios con mayor crecimiento en la región. Entre las ventajas estructurales que resalta la entidad se encuentran balances bancarios bien capitalizados, una elevada utilización de servicios financieros y bajos niveles de endeudamiento corporativo.
La clave para entender el potencial que Morgan Stanley ve en BBVA radica en el sector crediticio.
Para 2026, se prevé que los préstamos de la entidad aumenten un 7,4% interanual. Sin embargo, se anticipa una aceleración del crecimiento hasta un 27,1% en 2027, seguida de un 16,3% en 2028.
En términos de ingresos totales, se espera un incremento del 14,3% para este año, del 7,2% en 2027 y del 9,4% en 2028.
La hipótesis subyacente es que la estabilización macroeconómica permitirá a hogares y empresas retomar el financiamiento bancario. El escenario base de Morgan Stanley proyecta una continuidad en la desinflación, convergencia cambiaria y recuperación de la actividad, condiciones que podrían llevar a una aceleración en la intermediación financiera y un notable crecimiento real en los préstamos.
Adicionalmente, se observa un cambio en la composición del negocio. Se espera que el margen financiero neto (NIM) pase del 13,7% en 2026 al 12,9% en 2027 y al 12% en 2028.
De este modo, la oportunidad no necesariamente depende de márgenes elevados, sino de compensar la normalización con un volumen de crédito significativamente mayor.
Las nuevas estimaciones revelan una lectura más cautelosa que la anterior de Morgan Stanley.
La firma incrementó su previsión de ganancias por acción para 2026 de 1,59 a 1,71 dólares. Sin embargo, rebajó las proyecciones para los años siguientes: el EPS estimado para 2027 pasó de 2,90 a 2,55 dólares, y para 2028, de 4,12 a 3,69 dólares.
Este ajuste ayuda a entender por qué Morgan Stanley recortó el precio objetivo, a pesar de mantener una perspectiva optimista sobre las acciones.
La valuación utilizada se basa en un modelo de ingresos residuales, aplicando una tasa de descuento del 17% y un ROE a largo plazo del 18%.
La firma presenta tres escenarios que evidencian tanto el potencial como el riesgo de la inversión.
En su escenario base, establece un precio objetivo de 23 dólares, lo que implica una apreciación de aproximadamente 75% respecto del valor usado en el informe. Para lograr esto, Argentina necesitaría continuar su proceso de normalización macroeconómica, junto con desinflación, convergencia cambiaria, recuperación de la actividad y expansión del crédito.
El escenario optimista eleva el precio de la acción a 29 dólares, lo que representaría un incremento del 120,5%. Para que esto ocurra, la estabilización tendría que ser exitosa y la recuperación económica más dinámica de lo previsto. Morgan Stanley anticipa en este caso una penetración crediticia acelerada y un crecimiento significativo en las ganancias una vez que la composición de los activos del banco se normalice.
Por otro lado, el escenario bajista sitúa a BBVA en solo 5 dólares, lo que representaría una caída cercana al 62% desde el valor considerado en el informe.
La mayor amenaza radica en que la normalización macroeconómica no logre sostenerse en el tiempo.
El escenario negativo contempla la posibilidad de que las reformas estructurales sean interrumpidas y que las decisiones de política económica generen un nuevo aumento de la inflación, un bajo crecimiento y fluctuaciones cambiarias. Bajo estas condiciones, la expansión de la bancarización, que es fundamental para la tesis de inversión, podría no concretarse.
Morgan Stanley también identifica otros riesgos, como una caída en los precios de los commodities o malas cosechas que afecten los pilares del programa económico, un menor crecimiento real del crédito y una intensificación de la competencia.
Este último aspecto incluye tanto a los bancos tradicionales y públicos como a las fintech, que pueden incrementar la presión sobre el sistema financiero y los precios.
La entidad advierte que, si bien considera atractiva la valoración actual, la volatilidad sigue siendo alta y existen riesgos que podrían afectar la estabilidad macroeconómica, por lo que recomienda adoptar una postura cautelosa.










