En Millonarios de Bogotá, Russo dejó una marca indeleble tras conquistar la Liga 2017 y la Superliga 2018. Estos títulos representan la culminación de una gran épica luchando contra un cáncer de próstata y vejiga, y su valentía se transformó en una lección de vida que fue más allá del ámbito deportivo. “Miguel era un sabio. Tenía un don, un sentir y una conexión única con el jugador”, señaló Henry Rojas, quien fue un eslabón clave para comprender la combinación entre la disciplina y la empatía que Russo transmitía.
Aunque su nombre no tenga el mismo peso en Argentina, Rojas es un personaje esencial en la historia de Russo. Su zurdazo de volea, en el minuto 85 de un partido decisivo, le otorgó a Millonarios el campeonato de 2017 sobre su archirrival, Independiente Santa Fe. Sin embargo, ese grito de gol esconde una historia de resiliencia compartida con un técnico que lidiaba en silencio con la enfermedad.
“Dentro del club, ni siquiera nosotros, los jugadores, sabíamos que Miguel estaba lidiando con su enfermedad”, reveló Rojas. “Se ausentaba de las prácticas de tres a cuatro días y lo justificaban como ‘compromisos personales’. Aunque notábamos su deterioro físico, nunca preguntamos; todo se manejó en secreto. Que él nunca compartiera su situación solo enaltece su figura, y nosotros nos esforzábamos al máximo”, agregó.
Hoy, bajo los 36 grados de Ibagué, Rojas intenta replicar el legado humano y profesional de Russo en sus primeros pasos como asistente técnico en Deportes Tolima. A los 39 años, expresa que la nostalgia lo inunda en su día a día al sentir su ausencia. Su recuerdo le permite describir la genuinidad de su antiguo maestro: “Aún en sus momentos más complicados, nunca dejó de responder a mis mensajes. Hablamos hasta una semana antes de que falleciera, y siempre lo hacía con amor. Jamás tardaba más de 15 minutos en contestar”.
Esa sensibilidad también marcó una historia que ha quedado grabada en la memoria del fútbol colombiano. “Antes del título, lidiaba con problemas de pubalgia que me impedían entrenar, pero Miguel me convocaba a pesar de que no estaba en forma”, relató Rojas sobre la final de 2017. Al sentirse mal por ocupar un lugar sin estar al 100%, le dijo al entrenador: “Profe, me siento mal porque me estás llevando”. Russo, lejos de desalentarlo, le respondió: “El que toma las decisiones soy yo. Sé lo que estás viviendo y si te convoco, es porque quiero. Deja atrás tus preocupaciones y haz lo tuyo”.
El desenlace de esa confianza no es un secreto. “No jugué en la ida de la final y temía cometer un error en la vuelta por no estar en óptimas condiciones. A 20 minutos del final, me hicieron entrar con el global empatado. Russo me puso la mano en el hombro y me dijo: ‘Necesito que tomes el control. En tu pie vamos a mejorar’. A los diez minutos, disparé y anoté el gol del campeonato. En la cena familiar de celebración, me llamó a su mesa, me abrazó y me dijo: ‘¿Ahora entiendes por qué hice todo esto? Siempre confié en ti y por eso te aguanté. Disfrútalo’. Su forma de confiar en los demás fue la lección que más me marcó”.
Rojas, con la voz entrecortada por la emoción, explicó lo que Russo significó para el fútbol colombiano: “Tuvo un impacto formidable. En lo deportivo, nos brindó los títulos más deseados contra nuestros clásicos rivales, y en lo social, nos dejó una enseñanza”. No olvida que dirigió contra Santa Fe justo después de recibir quimioterapia, “durante mucho tiempo presentó un aspecto muy afectado, con una imagen desmejorada, pero era un gigante, y su fuerza lo mantenía al borde del campo”, recordó Rojas, añadiendo que una frase que resonó en él y todo el país fue: ‘Todo se cura con amor’. “Una semana después, nos consagramos campeones en 2018. Hoy, esa frase se ve en todas partes; es un gesto que no se da a menudo”.
Con el tiempo, Rojas se dio cuenta de que el trato paternal que recibió de Russo formaba parte de su filosofía. “Lo charlé con su asistente Juvenal Rodríguez, y me confesó que lo mismo hizo con (Ignacio) Malcorra en Rosario Central. Era un don que él tenía”, afirmó. Rojas vivió un segundo capítulo en su relación con el técnico al alojarse en Argentina durante un mes y medio con el cuerpo técnico de Russo en Central en 2023, buscando sumar experiencia como entrenador.
Durante ese viaje, Rojas constató que su maestro contaba con un reconocimiento que iba más allá de divisiones. “Íbamos a comer y la gente se emocionaba al verlo. También asistí a un partido de Estudiantes de La Plata y vi un palco ‘Miguel Russo’ con el público aplaudiendo. A pesar de su vínculo con el club, tenía un gran respeto de parte de todos”.
Sin embargo, entre el orgullo y la tristeza, Rojas revela un pendiente que le quedó por cumplir con Russo: “Tenía planeado viajar a Argentina en diciembre pasado para verlo. Cuando volvió a Boca, le dije: ‘Profe, estás en el club que apoyo, quiero verte trabajar y conocer a Riquelme’. Él me respondió: ‘No tienes que pedirme nada, ven cuando quieras porque aquí tienes lo que necesites’”. Esa visita no se concretó, pero Rojas se consuela al recordar que pudo abrazarlo una última vez en el Mundial de Clubes, justo detrás de su banco en el Hard Rock Stadium. “Verlo dirigir en ese encuentro fue un honor, y me alegra que hiciera lo que amaba hasta el final”.
En la actualidad, construyendo su propio camino en el fútbol, la esencia de Miguel Russo sigue guiando los pasos de este colombiano.
—En tu día a día como entrenador, ¿aplicás algo de lo que te enseñó Miguel?
—Sí, ser genuino. Trato de ser un ejemplo con mi conducta, sin imponerme. Miguel priorizaba cómo se sentía cada jugador, por encima de la táctica. En Rosario, compartí charlas técnicas y de análisis, pero todo estaba supeditado a su percepción sobre cada jugador.
—¿Adoptaste alguna de sus frases emblemáticas?
—“Son decisiones” es un clásico en Argentina, jaja. Pero hay otra que repito: “La cancha no miente”. Le pregunté por qué la usaba tanto y me explicó que era para abordar actos de indisciplina sin señalar a los jugadores. Era astuto al decirlo, porque sabía que podía ser más eficaz sin exponer a nadie. Yo hoy les digo a mis jugadores: “Puedes intentar engañarme, inventar excusas, pero la cancha no miente”. Esa frase me la dejó el profesor Miguel Russo.
—¿Cómo manejas su ausencia y de qué manera lo recuerdas hoy?
—A través del amor. De esa forma única que él tenía para mostrarlo en los pequeños detalles cotidianos que te hacían sentir verdaderamente querido. Miguel Russo es amor.










